¿VIVIMOS EN UN MUNDO ESTÚPIDO?

Por Néstor Espinoza

Los llamados grandes países del mundo, con los Estados Unidos de Norteamérica a la cabeza, armados hasta los dientes con las armas más sofisticadas para matar humanos, se quedan, de pronto, paralizados de terror, porque ante un enemigo que ha aparecido de repente y los invade, sus bombas, sus misiles, sus drones, sus tanques, sus barcos y aviones de guerra no sirven para nada. De otro lado, las megas ciudades del mundo entregadas a una afiebrada vida de muchedumbre y consumismo, también quedan totalmente vacías, con todas sus actividades clausuradas, con 1000 millones de habitantes confinados detrás de un jabón y de una mascarilla. Y por su parte, las empresas aéreas y las empresas del turismo internacional, que estaban boyantes de canchear dinero, ofreciendo apetitosos paquetes de viajes, al amparo del globalismo capitalista, igualmente quedan suspendidos en sus caros servicios. ¿Qué pasó? ¿Nos invadieron unos enemigos extraterrestres? De lo que pasó ya no hay necesidad de decirlo, porque todo el mundo ya lo sabe. Lo que hay que decir, y con énfasis, es que esta pandemia no es casual, sino causal. Tiene sus causas reales y lamentables en la forma irracional, temeraria e impune como el hombre viene tratando al planeta, vale decir, maltratándolo a su antojo. Pruebas al canto: a los grandes países, entregados a una producción industrial desmedida y competitiva, les importa un comino la preservación del medio ambiente, ya ad portas de un cambio climático irreversible, si no se para la quema de fósiles y la contaminación ambiental. Sólo el hombre ha convertido al planeta en un basurero colosal, con cerros de desechos tóxicos, con islas de plástico y toneladas de excrecencia en el mar. Sólo el hombre, que se cree superior a la naturaleza que lo formó, manipula al genoma humano, manipula sustancias químicas y a los patógenos, muchas veces con un fin maldito. Contagiar de su insania guerrerista a estos minúsculos patógenos, convirtiéndolos en agentes de una guerra biológica, no muestra otra cosa que la perversidad y la naturaleza criminal, no diremos del hombre, sino de ciertos hombres, porque todos los hombres no hacen estas cosas. Y esta práctica ya debería figurar como un delito de lesa humanidad en todos los códigos penales del mundo. Con pruebas atómicas y radioactividad, con guerras y bombardeos genocidas a ciudades, con minería tóxica y tecnología de alocada innovación (piénsese en el inmenso basural de artefactos obsoletos) el mundo pronto se va a volver inhabitable. Ninguna otra especie viva hace esto. Sin el hombre, este planeta seguiría primigenio, con sus ríos, lagos y mares limpios, con su exuberante vegetación intocada y con su ambiente de paz global. El manejo capitalista del mundo está llegando a su límite. Ya por la ingestión de animales silvestres o por ser manipulados en laboratorios, los virus de esta pandemia han sido provocados por el hombre y no han salido por su cuenta a fregar al mundo entero. Estados Unidos y China y otros países que vienen investigando a estos patógenos tienen responsabilidad en su propagación y que no inventen cuentos sobre su origen. Por otra parte, esta pandemia, no obstante, su terrible negatividad, está generando lecciones muy claras y positivas. Está primando la solidaridad humana, el ser social del hombre, por encima del egoísmo, el individualismo, el autismo que si pudieran se llevarían todas las subsistencias para sí solos, sin importarles los demás. La interacción y el reencuentro familiar en casa, que nos ha sustraído, estos días, del trajín y la afiebrada vida urbana, llena de tensión, de inseguridad y contaminación, en pos de dinero y mercancías, nos está diciendo que no es por aquí que va o debe ir una auténtica vida humana, que hay la necesidad perentoria de replantearla, so pena de un apocalipsis social. Pero la pregunta que deriva de todo esto es, superada la pandemia y Dios quiera que sea pronto, ¿la humanidad volverá a lo mismo? ¿Los grandes consorcios económicos seguirán en su loca carrera industrial, tecnológica y financiera? De la voluntad de unos cuantos poderosos (poderosos de qué) ya no puede depender la suerte de todos los seres vivos que habitan el planeta. Ellos no han creado al planeta, no han creado la vida, no les asiste derecho alguno de adueñarse del mundo. Con la calle convertida en un peligro de primer orden para las personas mayores, con tozudos que no toman en cuenta la gravedad del problema, con toda la manada humana mundial en situación de sálvese quien pueda, simplemente, yo me veo en un mundo estúpido. No es ésta una forma inteligente de vivir y poblar el planeta. ¡Qué va! Que ahora, el innombrable. Trump, que no cree en el cambio climático, sino en el mercado, que tiene declarada la guerra a los países contrarios al imperialismo yanqui, envíe, pues, todo su arsenal bélico contra estos enemigos y que los derrote en un santiamén. Finalmente, el pensamiento de Carlos Marx de transformar el mundo cobra toda su actualidad. El manejo capitalista ha arrojado el mundo al fregadero. Y sólo la utopía socialista, la globalización del socialismo, podría rescatarlo. Amén..—

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