RECUERDOS DE MI NIÑEZ

Efraín Vásquez

Hace un tiempo atrás leí un relato hermoso que me hizo meditar en silencio mis orígenes, mi raíz, mi tierra…más o menos empezaba así.

“Yo nací en un pueblito chiquito llamado Chiquian, un lugar hermoso donde todos nos conocíamos, donde todos nos saludábamos, donde los vecinos te ayudaban….etc”

Luego de terminar de leer me quedé pensando en la sencillez de su narrativa, en la naturalidad de su mensaje y dije; quien sería la que puso eso e Indagué, buscando en google que lo sabe todo, me encontré con una mujer que me impresionó de entrada, muy modesta ella casi no quiso identificarse por completo, insistiendo me confesó que ciertamente era de nuestra tierra y que era familiar de “Shapra”.

Este recordado personaje chiquiano muy comentado por sus desplantes irónicos que satirizaban a la autoridad, resultaba ser un familiar muy cercano a Rosa Pamela, una profesional de la salud que hoy batalla contra el coronavirus y con cuyo permiso escribo y dedico la siguiente crónica.

SHAPRA (El otro perfil)

Días atrás tuve la oportunidad de conversar con Don Víctor Moran Ramirez, padre de nuestros amigos Víctor, Diego, Julio, Marco, Luis y Doris quien en un momento dado de nuestra tertulia, sacó el tema de Shapra.

El Doctor Ruben Barrenechea Nuñez, literato de renombre y consumado conversador e investigador de nuestros usos y costumbres, lo describe acertadamente en un artículo publicando hace tiempo, desde un ángulo pintoresco y sobre todo folclórico. Don Antonio Zuñiga Alva, también nos acerca a este singular personaje chiquiano con anécdotas muy ocurrentes y sobre todo llenas de ingenio y espontaneidad y, es que así era Shapra, un hombre vivaz y atento a todo lo que acontecía en el pueblo; siempre pendiente de las invernas que era uno de sus tantos trabajos y de cualquier necesidad hogareña que pudiese existir en nuestras casas. Borrosamente lo recuerdo entrando a mi casa de agocalle gritando de tal manera que, instintivamente me escondía debajo de mi cama.

– !Lía…! !donde están los baldes, seguro que ya no tienes agua!

Y sin esperar que mamá responda, él mismo agarraba los recipientes que encontraba y se iba a traernos el líquido elemento, que dicho sea de paso, en ese entonces no había agua potable en Chiquian como ahora y había que cargar desde el puquial de Parientana; a su regreso, mamá ya le tenía servido un suculento y bien servido plato de comida que devoraba con ansiedad.

Esa es la única visión que tengo de Manuel (su verdadero nombre) al margen de su fama de farolero <cualidad chiquiana> albacea de cuitas amorosas clandestinas, romances escondidos en las sombras, ojo visor de serenatas prohibidas, ciudadano conspicuo, certero cicerone para orientar al turista, metiche sin par y celador de sueños nada ocultos; éste hombre de carne y hueso también sufría, también lloraba, también amaba y también sonreía, es decir…quizás nadie se ocupó en su biografía de ello, todos lo conocemos como el patizambo de cabello hirsuto y barba desaliñada de varios días; lo vimos en andanzas casi épicas mezclado entre notables y autoridades del pueblo, no había acto cívico en donde él no participase con un saco que heredó de algún benefactor pero que estaba pronto a fluir petróleo de las hombreras y cuello…pero él nunca se amilanó. Esta descripción como que resiente un poco a sus familiares más cercanos y quizás también por eso, nadie o casi nadie diga que es familia de Manuel; pero vayamos al ser humano, al que duerme y se alimenta, al que siente frío y se enferma, al que ama, al que sufre… Sabe alguien si este buen ciudadano a pesar de saber todo de los chiquianos, alguna vez los delato? !jamás! y esta cualidad de nuestro personaje nadie resaltó. Don Víctor me confesó que en oportunidades las investigaciones de algún delito menor tuvo que pasar por una opinión de Manuel, pero él jamás delato a nadie, quizás hasta sabía quién había sido el autor de la faltan o del delito, pero siempre guardó silencio, sabia también quien engañaba a quien en el amor pero jamás los descubrió, su verdosa boca permaneció siempre en silencio y nunca se abrió para acusar a nadie…esta integridad moral y tremenda demostración de hombría quiero rescatar en Manuel, para engrandecer en parte su recuerdo, su memoria, su existencia; pocos hombres en la historia de los pueblos pueden exhibir tamaña moral, seguramente él nunca supo de la existencia de este término y su significado !pero como lo practicó!

Por mi vocación literaria de sentir la soledad como amiga y compañera pienso, que sentiría Manuel de todo lo que sus ojos veían, que opinaba de una infidelidad que noche a noche constataba y que nunca delató, que concepto tendría de lo que es la amistad, la fidelidad, el amor…nadie se ocupó en hurgar en él sobre estos temas, deduzco sólo de su integridad moral que sus respuestas se escribirían hoy como frases célebres y tal vez las estaríamos repitiendo día a día. Imaginemos a Shapra riéndose de de si mismo, de sus respuestas a la autoridad, de sus discursos callejeros, de la cara de asombro del descubierto en las noches, de su pincel que tenía por lengua, de su autoridad en sus respuestas…éste buen hombre, sano éticamente, limpio moralmente hasta la saciedad, íntegro en su comportamiento ciudadano, no sólo debe ser comentado por su perfil folclórico y pintoresco, no solo debe recordársele por sus anécdotas y relatos que de él se comentan, sino también por esa hermosa lección de integridad moral que tuvo y que practicó hasta su muerte.

Agregado

Cierta tarde que Don Rolando Estremadoyro, subprefecto de la provincia de Bolognesi cruzaba la plaza mayor de

Chiquian

, divisa a Shapra sentado en una de las bancas junto a la taza “leyendo” un periódico y, tratando de sorprenderlo se acerca y se da cuenta que el periódico estaba “bocabajo” y le pregunta…

– Hola Manuel, que estás haciendo…

– Acá, leyendo las noticias

– Pero, !si el periódico esta al revés!

– Don Rolando, el que sabe leer, lee como quiere – le contestó sin ni siquiera mirarlo.

Y él no sabía leer.

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