II.-LA ZAS DURANTE EL SISMO DE 45 SEGUNDOS

2.1.-El libro de Rómulo Pajuelo Prieto: “Vida, muerte y resurrección:

       Testimonios sobre el sismo-alud. Prólogo de Olimpio Cotillo Caballero

                                      PRÓLOGO

Nunca antes me había imaginado que el dolor humano era tan perdurable como hoy.

            Pocas veces concebí que el dolor podía ser tridimensional como lo ocurrido en el

sismo del 70 en que muchos sobrevivientes lloraron hasta secar sus lágrimas, pero otros lo empozaron para aluvionarlo con frenético alivio mucho tiempo después.

            Lo ocurrido aquel último domingo de mayo, fue terrible. Los que dejan sus patéticos testimonios en este libro, así lo testifican, con lenguaje sencillo y cotidiano. Todos coindicen al narrar sus experiencias antes del sismo, lo que hicieron durante el terremoto y cómo afrontaron las necesidades después del cataclismo en lucha titánica hombre-naturaleza.

                        Y desgraciadamente,

                        el dolor crece en el mundo a cada rato,

                        y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces (1)

( 1 ) Los Nueve Monstruos, poema de César Vallejo. Obra poética completa, ediciones Búsqueda Buenos Aires. Mosca Azul Editores. Lima. Pag. 242

            A no dudarlo, se impuso el coraje, la intuición y la lógica. De lo contrario no habrían existido sobrevivientes de tan dantesca hecatombe. Más los heroicos sobrevivientes de Yungay, que no solamente tuvieron que afrontar el movimiento telúrico, si no que tuvieron que afrontar un alud, cuya furia borró del mapa a esta bella tierra al precipitarse miles de toneladas de hielo y roca del pico Norte del nevado Huascarán.

                        “Cuando se desprendió el alud, pareció una

                        inmensa bola roja por efecto de la fricción

                        de las rocas que chocaban unos contra otros

                        y por la velocidad fantástica” (2)

(2) Fragmento de la versión de Ricardo Hurtado Orihuela, ex Subprefecto de Yungay.

                        “fue entonces que muchos

                        volvieron la mirada hacia atrás para solo

                        comprobar que toda la ciudad había desaparecido”. (3)

(3) Fragmento del testimonio de Glicerio Flores Cadillo, cuatro veces Alcalde de Yungay y sobreviviente de Ranrahirca y Yungay.

            Estos pasajes apocalípticos se asemejan a los desastres mundiales como la destrucción de Pompeya, el hundimiento de la Atlántida o tal vez la destrucción del Titánic. Circunstancias diferentes, pero consecuencias casi similares por la supervivencia humana.

            “…caí a una zanja de bruces y me resigné

            a esperar la muerte…miré la base del cementerio

            (de Yungay), vi en la entrada como

            a cien personas arrodillarse con las manos

            juntas, otros con las manos levantadas

            implorando misericordia. La mayoría se

            abrazaba…Yo me llevé las manos a la cabeza

            esperando el final…(4)

(4) Fragmento de la versión del profesor Pelayo Aldave Tarazona, salvado semidesnudo y permaneció al pie del Cristo de Yungay, cubierto después con un poncho que le obsequió otro sobreviviente en el mismo lugar.

            Pero entre todos siempre hay una figura que destella con singularidad, el “legendario Guardia Civil, Pedro Armas” como lo califica el Dr. Agustín Herrera, quien agrega:

            El estado psicológico de la gente era

            desastroso, andaban sin control ni consciencia

            de sus actos” (5)

(5) Versión testimonial del Dr. Agustín Herrera Polo, quien prestó invalorables servicios a los sobrevivientes en un sector de Yungay y llegando a dar cristiana sepultura a más de 900 cadáveres en su sector.

            Y esta bendita tierra sigue inmarcesible, viva en el recuerdo de sus hijos, viva y mimada en el corazón de los sobrevivientes, viva y admirada en el consenso de los humanos que valoraron el sufrimiento de su gente.

            “…tenía fracturada la muñeca derecha,

            las costillas rotas, la cadera zafada…los huesos

            fuera de sus articulaciones…(7)

(7) Versión testimonial de Cirila Luna Tafur, nacida en Chacas pero radicada en Yungay.

            Y el muerto seguía andando y su resurrección fue y será ejemplo para las generaciones venideras. Su fortaleza, el amor de madre que a pesar de ser arrastrada   por el lodo negro y pestilente, seguía musitando por sus hijos. El deseo de servir a los demás y en fin,  todos los valores puestos de manifiesto en estos trances de dolor y lágrimas.

            El sismo del 70 y la catástrofe de Yungay, nunca se olvidará, que Dios no lo permita otra vez.

            Y el saldo trágico fue inmenso: Yungay desaparecido, Huaraz destruido desde sus cimientos al igual que Casma y los demás pueblos del departamento como si hubieran sido  bombardeados. La suma de pérdidas humanas llegaron a 70 mil aproximadamente. Todo esto en solo 45 segundos.

“Cuando las agujas de los relojes marcaban las 3 horas, 24 minutos y 13 segundos de la tarde, el sismo había terminado en el área de Lima. Tuvo una duración de 45 segundos…(8)

(8) Bajo el signo del terremoto, Daniel Hammerly Dupuy. Colección Autores Contemporáneos.- Pag. 18.

            Si bien es cierto, las réplicas del sismo continuaban, no menos cierto es que al conocerse la dimensión de la catástrofe, surgió al unísono la solidaridad humana con mil formas de ayuda, aunque surgieron actitudes y voces discordante:

            “La ayuda se ha acabado hasta un nuevo aluvión” (9)

(9) Declaraciones de Glicerio Flores Cadillo.

            Y quienes escucharon estos dislates, hasta hoy lo censuran así como otras actitudes que no deben empañar las páginas de este libro que lo que busca es engrandecer los gestos de solidaridad, de simpatía y ternura y tal vez hasta de compasión emulado  en aquellas circunstancias en que se acariciaba el nombre de los seres queridos en el altar de los recuerdos.

            Julio 15.- He viajado a Huarás. He viajado

            al valle de la muerte…No he tenido a nadie.

            No he tenido a mis hijos. A mi Carlota Waleswka a mi Ramón Boris (10)

(10) Tiempo de Rosas y Sonrisas…Tiempo de dolor y muerte: Marcos Yauri Montero. Editorial Ultra S.A.- Pag. 18.

            A pesar de todo vencimos a la muerte…dos veces, pero no será para siempre –de esto estoy seguro- porque con la guadaña, sin duda ya nos ha escogido para llevarnos al mínimo descuido.

            En los sobrevivientes cada quien representa una experiencia, una narración escondida, una historia inédita, narrada quizás cuando hay ocasión entre amigos y mi mente entre cuatro paredes. De esto es testigo mi corazón y mi mente, mi razón y mi entendimiento. Hoy valoro a Pandora y su secreta caja.

            Rómulo Pajuelo Prieto (*), una vez más  se preocupa por entregar este cúmulo de testimonios, cual más patéticos, como ejemplo para las nuevas generaciones y como enseñanza para las instituciones.

                                                                       Olimpio Cotillo Caballero

(*) Rómulo Pajuelo Prieto, autor y editor del libro: Vida, Muerte y Resurrección, testimonios sobre el sismo-alud 1970. Publicado el 2002, Ediciones El Inca.

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