50 AÑOS COMO GUARDIANES DE LA PERUANIDAD

Huaraz, una de las principales ciudades del Perú, una vez más se siente jubiloso por ser la cuna que mece los acontecimientos más importantes de su historia y por tener en su progenie a hombres insignes que han labrado su porvenir en crisol sacrosanto de inmortalidad.

            Una hermosa crónica escrita por la consagrada historiadora de nuestra Página Dominical, Nelly Villanueva Figueroa, que con honor reproducimos en esta edición, ella nos recuerda que ha cumplido 50 años (Bodas de Oro), la SOCIEDAD PATRIÓTICA FAUSTINO SÁNCHEZ CARRIÓN –Y- MARISCAL TORIBIO DE LUZURIAGA Y MEJÍA, dos preclaros genios que en los albores de nuestra vida republicana, pusieron las llaves maestras de civismo y patriotismo que muchos siguen llevando en lo más sagrado de su formación ciudadana.

            Si bien es cierto, Faustino Sánchez Carrión y Toribio de Luzuriaga y Mejía, tenían una aparente diferencia de conceptos e ideas para con nuestra patria, en el fondo de las realidades, ambos buscaban el bienestar de los pueblos del Perú y lo demostraron con hechos que hoy recordamos con orgullo.

            José Faustino Sánchez Carrión se distinguió desde muy joven como Precursor de nuestra independencia, fue ideólogo porque buscó el derrotero del Perú del futuro y se le conoció con el pseudónimo de “El Solitario de Sayán”. Nació en Huamachuco el 13 de febrero de 1787.

            Ocupó el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores de la República Peruana y donde puso toda su inteligencia fue como representante del Primer Congreso Constituyente del Perú donde puso las bases de la Constitución.

            Toribio de Luzuriaga y Mejía, huaracino de nacimiento, tiene méritos más que suficientes como estadista, libertador de cinco repúblicas sudamericanas. Gestor del origen del Gobierno Regional (Hoy Ancash).

            Hechos que fueron valorados para merecer el título de Primer Mariscal del Perú.

            Estos acontecimientos que engrandecen a los pueblos, en otras circunstancias y con diferentes autoridades, sin duda merecerían ser rememorados en su justa dimensión. Sería motivo de echar vuelo a las campanas, de citar a sesiones solemnes, de pedir que redoblen los tambores y se escuchen en los últimos confines los clarines y trompetas de gozo y pleitesía…

            Pero nunca es tarde, la historia sigue su marcha aprendiendo del pasado y

avizorando el futuro con optimismo y confiado en sus  propias energías.

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