9.-FEDERICO SAL Y ROSAS – LA MEDICINA TRADICIONAL

Por: Ergo Sifuentes

Con Motivo del 121 Aniversario del Nacimiento del eminente Neuro-Psiquiatra huaracino .

-¡Pero que shimpático eshtá eshte bombonshito! – le hablaba en el especial lenguaje para bebés, en tanto le apretujaba los cachetes y llenaba de untuosos besos, al infante que muy entretenido jugaba en el piso, con los restos de juguetes, que con gran intuición metodológica, había roto previamente, como que tenía solo tres años de edad. Era la tía abuela, tía de su mamá, que se asomó por la puerta entreabierta y al verlo tan tierno y rozagante, se apresuró a tomarlo en sus brazos. Algún encargo para la familia la hizo venir y tras entregarlo, tornó por donde había venido, no sin antes surtirle de otra andanada de arrumacos, zalamerías, es decir, comerse a besos al mimado y delicioso nene, que indiferente y muy serio, aunque procurando zafarse de la tía, se enfocaba en su rol de eficiente destructor de juguetes.

No habían transcurrido ni diez minutos de este suceso, cuando la mamá sobresaltada, angustiada y veloz, alista y aliña al bebé, de acuerdo a normas simplificadas, para llevarlo al médico, porque súbitamente se ha puesto muy mal, está muy pálido, tiene vómitos y fiebre alta, jadea como víctima de una neumonía y llora hipando y sin consuelo. Al salir con el niño en brazos, por azares del destino, en la puerta se topa con otra tía, que extraña o solo coincidentemente, también está de visita y en su tentativa de saludar y mimar al bebé, nota su estado.

-¡A este niño lo han “ojeado”! – exclama.

Es la famosa tía Emperatriz, “la que sabe” por eso es famosa entre los conocidos y algo más allá. Imperativa, no permite que se lleven al niño a ningún lado, persuade a la madre y el padre y haciendo prevalecer su condición se llevan al párvulo a su casa.

Allí, con una pasada de huevo y un vaso con agua, confirma su diagnóstico del mal, que conjura con una “shocma”* de ají amarillo fresco y hierbas específicas, ruda y albahaca entre ellas, aderezada con algunos versículos y salmos. En menos de media hora, el lactante está de vuelta en casa, sano, salvo y arrasador, retomando sus afanes destructivos.

El escéptico papá, que rebasado por los acontecimientos, ha sido un mudo, permisivo y discreto testigo, al ver a su retoño, totalmente recuperado, de una insólita pero real amenaza a su salud, se rinde finalmente.

-¡Si no lo veo, no lo creo! –

El incidente para este incrédulo y abnegado padre, que se desempeña como transportista por las afanosas rutas de los Andes, no pasa de una anécdota para contar, en las reuniones familiares o con los amigos.

En los tiempos tan confusos que nos ha tocado vivir, en los que, en cualquier orden de cosas, la verdad o nos es escamoteada por infinitas “verdades” o como ocurre en el universo de la Medicina y las Ciencias de la Salud, el poder estatuido, usando la Medicina facultativa, la Medicina “oficial” y sus organismos, devenidos agencias comerciales de los mega laboratorios, nos impone verdades absolutas. Es tan recia la arremetida y la confusión que genera, que hasta sectores “izquierdistas”, usualmente impugnantes, divagan extraviados, como si se tratara de un universo nuevo, sin antecedentes, lo cual es perfecta y fácilmente rebatible. Por ventura tenemos eminencias que nos allanan la tarea y entre ellos, un paisano, el Dr. Federico Sal y Rosas González, y su notable, versada y valiente defensa y rescate de la medicina tradicional y el folklore psiquiátrico popular, que con tanto esmero y aliento, intentan sepultar por vez enésima, los tratantes y mercachifles de la salud.

“Don Federico, fue un adelantado en nuestro país, en el estudio del hombre en su medio ambiente y sus relaciones e interacciones dialécticas” (Neuro-psiquiatra Dr. Javier Mariátegui Chiappe)

Vino con el siglo XX, el 18 de Julio de 1900 y siempre que la ocasión se hiciera propicia, con genuino orgullo, hacía mención de su origen y extracción popular. Nació en Toclla, que entonces era un caserío al sur, muy alejado de Huaraz. Hoy forma parte de la ciudad.

Prominente Neuro psiquiatra, integrante de la triada generacional, que completaban, los arequipeños, Honorio Delgado Espinoza y Carlos Alberto Seguín Escobedo. Brillantes los tres, que a lo largo de sus prolíficas existencias, le sacaron lustre a la ciencia psiquiátrica peruana, instalándola en un ámbito de expectativa y admiración latinoamericana y mundial.

Sin embargo, fuera del nosocomio, los recintos académicos, los de laboratorio, la ciencia y la tecnología, de los tres, a contrapelo del ánimo común, extraña e injustificadamente, es Federico Sal y Rosas, el que menos reconocimiento oficial ha merecido. Acaso su cuna, le propició ese soslayo, eso no es infrecuente, es rastrojo de antiguas cosechas. Pero en el Perú que creemos nuestro, tampoco es menos cierto, que quien evade la horma para otear mejor el horizonte, quien se atreve a sistematizar algunos puntos vagos y los pone sobre las íes, quien rebasando pantógrafos o cartabones, cuestiona panoramas impuestos, un contenido, unas verdades oficiales absolutas, una construcción arbitraria, un andamiaje con patentes y salvo conductos, inequívocamente, debe aguardar miradas sesgadas, elusiones y aplazamientos, cuando no, expiaciones mayores, flagelaciones, garrotes y hasta desapariciones. Es el pan nuestro.

ETIOLOGIA, DIAGNOSIS Y CURA DEL SUSTO

El Dr. Federico Sal y Rosas, abordó este tema. Su libro: “El Mito del Jani o Susto de la Medicina Indígena del Perú”, publicado en Enero de 1958, es contundente testimonio de la profundidad y el rigor científico, con los que lo abordó.

En el enlace siguiente, una sustanciosa exposición de sus conceptos al respecto del susto, la “shocma”, los curanderos, etc. que llevó a cabo en “El XXXIX Congreso Internacional de Americanistas” (Lima 1970), con el título de “OBSERVACIONES EN EL FOLKLORE PSIQUIATRICO DEL PERU”, nos dará una idea del compromiso del científico con la medicina tradicional y nos acercará y servirá de preámbulo a su famosa y buscada publicación de 1958.

También te podría gustar...