CAMPESINOS: BASE HISTÓRICA Y HERENCIA PRODUCTIVA

Por Nelly Villanueva Figueroa

Cada año, los peruanos rendimos homenaje a los hombres y mujeres del campo, que hacen producir a la tierra, los recursos necesarios para nuestra alimentación, con su trabajo y esfuerzo.

El presidente Augusto Leguía, mediante DS del 23 de mayo de 1930, estableció el 24 de junio, como “Día del Indio”. El 24 de junio de 1969, el General Juan Velasco Alvarado promulgó la Ley de Reforma Agraria y junto con ella, la nueva denominación: “Día del Campesino Peruano”. En este día, también recordamos la grandeza de nuestros antepasados que lograron una alta producción, con técnicas de andenería y distribución de tierras en topos, Este sistema fue devastado en la colonia. Los campesinos fueron obligados a dejar sus ayllus, para ser llevados a las minas, como bestias de carga y como esclavos.

Nuestro país, históricamente, es agrícola y megadiverso por excelencia. En el incanato, el cultivo de la tierra fue la base de la economía. Por eso, se celebraba la fiesta del Inti Raymi, para dar la bienvenida al Solsticio de verano en los andes y para agradecer a la Pacha Mama, por los beneficios recibidos. Esta tradición fue conocida por los españoles y se sigue conservando en el Cuzco, capital del Tahuantinsuyo, como una fiesta que nos identifica a nivel mundial.

Nuestra región en particular, tiene diversidad de pisos ecológicos y microclimas. Por eso, la gran variedad de productos, durante todo el año y no sólo de manera estacionaria. También hay disponibilidad de aguas fluviales y subterráneas. Por eso, la Cordillera de los andes tiene todas las condiciones para ser un “invernadero natural” y “Banco Genético Natural” para la humanidad. El país cuenta con 5,5 millones de hectáreas de tierras cultivables, con potencial para cubrir la demanda del mercado interno y externo. Lamentablemente, hoy día, los campesinos están sufriendo la crisis de fertilizantes que amenaza con la baja productividad y con la hambruna, poniendo en peligro la seguridad alimentaria. Prioritariamente, el Estado debe inyectar dinero público para adquirir los abonos necesarios y superar este problema.

Sin embargo que los campesinos son importantes para el desarrollo del país, siguen olvidados por el Estado, excluidos de los beneficios de la ciencia y de la tecnología. La ausencia del Estado en las comunidades rurales es suplida por esfuerzos particulares de algunas ONGs que no tienen continuidad y por tanto, no garantizan un desarrollo sostenible.

El campesino, sea agricultor o ganadero, nos ofrece los productos de la tierra; pero requiere asistencia técnica, créditos y respeto a su autonomía, sobre el uso y disposición de sus tierras, tal como lo establece la ley. Se necesita capacitación para que los campesinos incrementen el rendimiento de sus cultivos, mejoren la presentación y venta de sus productos. Sobre todo, para superar la pequeña agricultura de subsistencia familiar y pasar a la gran agricultura de desarrollo y ser posible, a la industrialización. Agrupados en la FADA, (Federación Agraria Departamental de Ancash) deben mejorar su asociatividad y unidad, con metas comunes, progresistas y con emprendimiento. Los campesinos saben que la tierra es su activo, por lo tanto, deben cuidarla y evitar su contaminación.

Hace falta recuperar el sistema de andenería de hace 5 mil años, para el buen manejo del recurso hídrico, para disponer de agua limpia en el proceso agroecológico e incrementar la productividad y variedad de cultivos a fin de mejorar la alimentación y combatir la pobreza. A esta técnica ancestral, debe unirse el moderno riego tecnificado, para usar la adecuada cantidad de agua: Que no falte ni sobre en ninguna de las parcelas.

Nuestros campesinos merecen mejores oportunidades y condiciones de vida. La mejor manera de rendirles homenaje es revalorar la cultura nativa, como fundamento de nuestra nacionalidad.

José María Arguedas en el campo literario y José Sabogal en la pintura, son ejemplo de amor y respeto a los hombres andinos. Ambos representan el pensamiento indigenista, Sus obras están llenas de autenticidad y estampas de peruanidad.

También en la fecha, se celebra a San Juan Bautista, el único Santo a quien se e recuerda en el día de su nacimiento. San Juan predicaba y bautizaba en el río Jordán. Por ello existe la tradición de bañarse en los ríos, porque se cree que el agua está bendita y da salud y felicidad, durante todo el año. En la selva se come el tradicional “juane”, especie de tamal con arroz y gallina, envuelto con hojas de bijao que le da un sabor especial. Representa la cabeza de Juan, por su forma redonda.

En la provincia de Pomabamba, se celebra con la procesión de un cortejo de santos, presidido por Juan Bautista. Se da inicio a la fiesta con la “Siembra Marcha” que consiste en el desfile de rudos jinetes sobre potros montaraces, con licencia para correr libre y velozmente, causando algarabía en los pobladores.

En el barrio de Huarupampa de nuestra ciudad, se celebra a San Juan Bautista, el Precursor del Mesías que nos recomienda enderezar nuestro camino para alcanzar la gloria de Dios. Pasada la pandemia habrá la acostumbrada retreta, abundante ponche y jamón, hasta una fogata para combatir el intenso frío.

A nuestros campesinos, les decimos con cariño: Sigan echando semillas con optimismo, abonen con esperanza y cosechen con alegría, para que la pobreza rural quede en el olvido.

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