COSA DE LOCOS

Dicen que todos tenemos de poeta y loco, un poco.

            Y más si visitamos un manicomio como aquel en que un inquilino gritaba a más no poder:

-¡Yo soy el enviado de dios…yo soy el enviado de dios…!

            Al escuchar estas aseveraciones, otro loco se le acerca y con todo derecho le dice:

-No…el verdadero enviado de dios soy yooooo¡¡¡¡

            Y los dos locos se enfrascan en amena discusión adueñándose de la paternidad de ser el enviado.

            Hasta que de tanto escuchar la infructuosa polémica en Santa Mónica, surge un tercer loco quien les pregunta:

-¿Qué pasa aquí?

            El primer loco dice muy seguro de sí:

-Yo soy el enviado de dios.

            El segundo loco, no se queda atrás y sostiene enfáticamente:

-¡No…yo soy el enviado de dios¡¡¡

            Entonces el tercer loco gruñe:

-¡Un momentoooo!…!Yo no he enviado a nadieeeee¡¡¡.—-

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