CRONICAS BAHIANAS: VIENTOS CRUZADOS

Enrique Tinoco (Desde el Brasil)

El 04 de enero la jueza Vanessa Baraister, de la Corte Britanica que juzga el caso los Estados Unidos de Norteamérica contra Julian Assange, para extraditar al fundador de Wikileaks, denegó el pedido por razones humanitarias. La prensa internacional, de manera general, celebró la decisión como una victoria de Assange y de la prensa. Mi grillito hablante no estaba conforme así que fui a buscar más detalles.

Esquivando comentarios llegué a una traducción decente de la sentencia que; en resumen, confirma toda la argumentación de la demanda norteamericana y establece de forma conclusiva que cualquier periodista, en cualquier parte del mundo, puede ser procesado según lo establecido por la Ley del Espionaje de los Estados Unidos; es decir, tiene jurisdicción universal, los intereses del imperio están atendidos. Pero es necesario lavarle la cara a la Justicia británica, la magia aparece en la forma de justificativas humanitarias, que también son declarativas, como explica Kristinn Hrafnnson, editora de la Wikileaks: “es injusto, inicuo e ilógico, cuando se lleva en consideración la sentencia de dos días antes, que menciona que los problemas de salud de Julian se deben en gran parte al hecho de estar en la prisión de Belmarsh (…) Mandarlo de regreso para allá no hace ningún sentido”. ¿Victoria? No sé, Assange no fue extraditado pero continua preso y la prensa tuvo una derrota en toda la línea.

Como hace tiempo dejé de creer en las “coincidencias” registré que dos días antes se cumplió un año del asesinato del Mayor General Qassem Soleimani. Aquí también las versiones fueron, y continúan, contradictorias: el gobierno Trump lo explicó como una operación preventiva para eliminar “ataques inminentes” a diplomáticos y tropas estadounidenses de las cuales sería responsable Soleimani; el Primer Ministro Iraniano, Adil Abdul-Mahdi informó que Soleimani estaba en una misión diplomática, en un vuelo comercial entre Damasco y Bagdad, tratando complejas negociaciones entre Teheran y Riad, teniendo el Primer Ministro iraquiano como mediador, a pedido del presidente Trump (¿?). Al cumplirse un año la situación se puso tensa nuevamente: USA acusó Iran de un ataque a la embajada norteamericana de Bagdad, sobrevoló el Golfo Pérsico con dos B-52 y la Marina estadounidense informó la llegada a ese Golfo del portaviones nuclear USS Georgia; el ministro de Relaciones Exteriores de Iran, Javad Zarid, respondió directamente al presidente Trump que no había ningún casus belli, que estaba siendo engañado y que cualquier movimiento en el área tendría consecuencias. Nuevamente la paz mundial en peligro.

Y ahí nomás llegó el 06 de enero, cuando el Congreso norteamericano certificaría la victoria del demócrata Joe Biden en las elecciones de ese país, la sesión fue presidida por el vicepresidente actual, Mike Pense, también de extrema derecha; ocurre que desde las elecciones el presidente Trump alegó fraude y venia convocando sus partidarios a movilizarse. Ocurrió; se movilizaron, ocuparon el Capitolio y frustraron la sesión al costo trágico de cinco muertos; este es un hecho.

Su divulgación y análisis, una vez más, fue extremamente diversificado. Tal vez lo único coincidente es que todos reconocen el evento como un síntoma de una grave crisis en la llamada “mayor democracia del mundo”, aquella que invierte presupuestos billonarios para su infraestructura militar, tal que pueda “mantener el orden y promover regímenes democráticos” en territorios extranjeros, pero que irónicamente, de repente, sufrió un ataque interno serísimo.

Hubo diversos analistas que calificaron el hecho como un golpe de estado o, por lo menos, un intento de golpe. En los procesos contemporáneos no es indispensable el compromiso directo de los militares, pero se necesita cuando menos su anuencia, lo que supone articulación, y esa articulación debe incluir por lo menos otro poder del Estado, como el Parlamento o el Poder Judicial y ciertamente la prensa; por lo que se ve, Trump llegó a este incidente completamente aislado, primera conclusión: aquí no hay golpe.

Pero no hay como ignorar los miles de manifestantes de diversos Estados, convocados por el presidente, marchando al Capitolio; ¡marchando! No se ve vitrinas apedreadas, carros quemados o enfrentamientos con la policía; al llegar al Capitolio un grupo numeroso supera los tres anillos de protección e ingresa; recién comienzan los enfrentamientos, gases lacrimógenos y bala, resultado: cinco muertos y oficinas depredadas, el enfrentamiento llega a la calle y el zafarrancho dura diez horas. Al final la sesión interrumpida se reinicia y Joe Biden es confirmado como nuevo presidente.

Estas diez horas son, y serán por bastante tiempo, motivo de análisis y controversias; lo concreto es que existe una masa que se moviliza en torno de Trump y que no necesariamente responde al comando del partido Republicano; esto se verifica cuando el Congreso aprueba abrir un nuevo proceso de Impeachment contra el presidente, inclusive con votos de parlamentarios republicanos. Este es un punto importante: Trump consiguió fraccionar el partido republicano.

Ya se convirtió moneda corriente que esa masa que respalda Trump está formada por los 73 millones que votaron por él. Analistas serios como el

mexicano Alfredo Jalife opinan que Trump generó espacio para el ascenso, o el regreso, de los WASP (White – Anglosaxon – Protestant) blancos de origen inglés y protestantes; lo que significa que Trump puede permanecer en la escena política sin necesidad del partido. Tal vez por eso la aprobación del nuevo proceso de impeachment, donde también se verifica que la prensa está prácticamente toda al lado de Biden, tanto que Trump es expulsado de las redes sociales por las administraciones de esas redes.

También se habla de guerra civil, llevando en consideración que los “trumpistas” están armados; confieso que no tengo ninguna seguridad para abordar el tema porque ¿cómo sería una guerra civil en la actual coyuntura? ¿los enfrentamientos que vienen ocurriendo en torno a temas como la discriminación racial ya no serían expresiones de esta guerra? Lo cierto es que pueden agudizarse y expandirse, si se recuerda que la crisis económica tiende a profundizarse, ampliando y agudizando la situación de los bolsones de miseria existentes dentro de Estados Unidos. Biden, para controlar el frente interno podría abrir frentes externos. ¿Será? Todavía no hay respuesta clara, pero comienzan a aparecer síntomas.

Por ejemplo: El artículo “La delicada verdad sobre una vieja parceria” de Thomas Shannon, ex embajador USA en el Brasil durante la gestión de Barack Obama, el 1º. de enero en la revista de derecha Crusoé. Reclama la relación Trump – Bolsonaro, recordando que entre gobernantes debe primar la relación entre naciones sobre las simpatías personales y, en la parte final del artículo define la nueva pauta de relacionamiento: (1) “la primera y más inmediata cooperación debe ser en relación a la pandemia, tanto de su control por medio de la vacunación y tratamiento, como de sus consecuencias económicas”, (2) “la segunda cuestión, del punto de vista del gobierno Biden, incluye el cambio climático y la gestión ambiental. Eso no necesita ser un problema incendiario. El Brasil desarrolló a lo largo de décadas una capacidad de diplomacia ambiental que vinculó cuestiones como cambio climático, desarrollo sostenible y avance tecnológico” y (3) “la cuestión de China” (…) “los esfuerzos de ese país asiático para insertar más profundamente en las economías de la América del Sur y construir su infraestructura 5G ha causado inquietud y preocupación”…Bolsonaro está avisado, pero no solo él.

Hay más, pero lo dejaremos para la próxima.

Enrique Tinoco

Salvador, 15 de enero de 2021.

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