CRONICAS BAHIANAS: DE COPÉRNICO A FREI BETTO

Por: Enrique Tinoco (Desde Brasil)

Por lo menos hasta el final de la Edad Media la forma de hacer ciencia era, en realidad, una mescla de ciencia y religión; donde se buscaba conciliar la razón con la fe subordinada al dogmatismo cristiano. Este, el dogmatismo cristiano, sustentaba, entre otras ideas, la llamada teoría geocéntrica, según la cual todos los astros giraban alrededor de la tierra.

Bueno, aquí aparece Nicolás Copérnico (1473 – 1543), clérigo católico, además de matemático, astrónomo, jurista, físico, gobernador y economista; quien desarrolla la teoría opuesta, la heliocéntrica; que solo publicaría poco antes de su muerte, entre otras cosas, según sus biógrafos, por temor a la acción de la Inquisición.

Esta situación vuelve a la escena una y otra vez; uno de esos casos es la de Frei Betto (Carlos Alberto Libânio Christo, 1944 – más conocido como Frei Betto, es un fraile dominico brasileño, teólogo de la liberación) quien tiene ideas fuera de los dogmas; así publicó el 21 de noviembre de 2019, el artículo “El marxismo ya no es útil” que, por su importancia lo he traducido e incluido en esta crónica.

“El Papa Benedicto XVI tiene razón: el marxismo ya no es útil. Sí, el marxismo como muchos en la Iglesia Católica lo entienden: una ideología atea, que justificó los crímenes de Stalin y las barbaridades de la revolución cultural china. Aceptar que el marxismo según el punto de vista de Ratzinger es el mismo marxismo según el punto de vista de Marx sería como identificar el catolicismo con la inquisición. Se podría decir hoy: el catolicismo ya no es útil. Porque ya no está justificado enviar a mujeres tomadas como brujas al fuego o torturar presuntas herejías. Afortunadamente, el catolicismo no puede identificarse con la Inquisición ni con la pedofilia de sacerdotes y obispos.

Del mismo modo, el marxismo no se confunde con los marxistas que lo usaron para difundir el miedo, el terror y sofocar la libertad religiosa. Hay que remontarse a Marx para saber qué es el marxismo; así como debemos volver a los Evangelios y a Jesús para saber qué es el cristianismo, y a Francisco de Asís para saber qué es el catolicismo.

A lo largo de la historia,

• En nombre de las palabras más bellas se cometieron los crímenes más horrendos.

• En nombre de la democracia, Estados Unidos se apoderaron de Puerto Rico y de la base cubana de Guantánamo.

• En nombre del progreso, los países de Europa occidental colonizaron a los pueblos africanos y dejaron allí un rastro de miseria.

• En nombre de la libertad, la reina Victoria del Reino Unido promovió la devastadora Guerra del Opio en China.

*En nombre de la paz, la Casa Blanca cometió el acto terrorista más audaz y genocida de la historia: las bombas atómicas sobre las poblaciones de Hiroshima y Nagasaki.

• En nombre de la libertad, Estados Unidos ha implementado, en casi toda América Latina, dictaduras sanguinarias a lo largo de tres décadas (1960 – 1980).

El marxismo es un método de análisis de la realidad. Y, más que nunca, útil para entender la crisis actual del capitalismo. El capitalismo, sí, ya no es útil,

• promovió la desigualdad social más pronunciada entre la población mundial;

• se apoderó de las riquezas naturales de otros pueblos;

• desarrolló su rostro imperialista y monopolista;

• centró el equilibrio del mundo en los arsenales nucleares; y

• difundió la ideología neoliberal, que reduce al ser humano a mero consumista sumiso a los encantos de la mercancía.

Hoy, el capitalismo es hegemónico en el mundo. Y de los 7.000 millones de personas que habitan el planeta, 4.000 millones viven por debajo del umbral de la pobreza y 1.200 millones sufren hambre crónica. El capitalismo ha fracasado para dos tercios de la humanidad que no tienen acceso a una vida digna. • Donde el cristianismo y el marxismo hablan en solidaridad, el capitalismo introdujo la competencia;

• donde el cristianismo y el marxismo hablan en cooperación, el capitalismo introdujo la competencia;

• Donde el cristianismo y el marxismo hablan por respeto a la soberanía de los pueblos, el capitalismo introdujo la globocolonización.

La religión no es un método para analizar la realidad. El marxismo no es una religión. La luz que la fé proyecta sobre la realidad es, quiera o no el Vaticano, siempre mediada por una ideología. La ideología neoliberal, que identifica el capitalismo y la democracia, prevalece hoy en la conciencia de muchos cristianos y les impide darse cuenta de que el capitalismo es intrínsecamente perverso. La Iglesia Católica a menudo es connivente con el capitalismo porque este la cubre con privilegios y le franquea una libertad que le es negada, por la pobreza, a millones de seres humanos.

Ya se ha demostrado que el capitalismo no garantiza un futuro digno para la humanidad. Benedicto XVI lo admitió afirmando que hay que buscar nuevos modelos. El marxismo, al analizar las contradicciones e insuficiencias del

capitalismo, abre una puerta de esperanza a una sociedad que los católicos, en la celebración eucarística, caracterizan como el mundo en el que todos “compartirán los bienes de la Tierra y los frutos del trabajo humano”. Que Marx llamó socialismo.

En 2011, el arzobispo católico de Munich, Reinhard Marx, lanzó un libro titulado El Capital, un legado para la humanidad. La portada contiene los mismos colores y fuentes gráficas que la primera edición de El Capital de Karl Marx, publicada en Hamburgo en 1867. “Marx no está muerto y debemos tomarlo en serio”, dijo el prelado en el momento del lanzamiento de la obra. “Tenemos que confrontar el trabajo de Karl Marx, que nos ayuda a entender las teorías de la acumulación capitalista y el mercantilismo. Esto no significa sentirse atraído por las aberraciones y atrocidades cometidas en su nombre en el siglo 20”.

El autor del nuevo El Capital, nombrado cardenal por Benedicto XVI en noviembre de 2010, califica de “socio-éticos” los principios defendidos en su libro, critica el capitalismo neoliberal, llama a la especulación “salvaje” y “pecado”, y aboga por que la economía necesita ser rediseñada de acuerdo con las normas éticas de un nuevo orden económico y político. “Las reglas del juego deben tener calidad ética. En este sentido, la doctrina social de la Iglesia es crítica frente al capitalismo”, dice el Arzobispo.

El libro comienza con una carta de Reinhard Marx a Karl Marx, a quien llama “querido homónimo”, quien murió en 1883. Le ruega que reconozca su error en relación a la inexistencia de Dios. Esto sugiere, entre líneas, que el autor del Manifiesto Comunista se encuentra entre aquellos que, al otro lado de la vida, disfrutan de la visión beatífica de Dios”.

Se puede o no concordar con sus postulados, lo que no se puede es pasar de largo, como si no ocurriese, a ese debate entre la racionalidad y el descuido total por ella; adjetivando todo antes de analizar.

Va, con toda intención, como provocación. Espero que Frei Betto no se incomode.

Hasta pronto

Jesus Enrique Tinoco Gómez

Salvador, 04 de octubre de 2021.

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