ELECCIONES EN EL PERÚ

Nelly Villanueva Figueroa

El Perú elige a sus autoridades por medio de votaciones universales. Todo peruano mayor de 18 años, inscrito en el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil, debe votar en las elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales y municipales.

El Conjunto de Instituciones encargadas de la organización, planificación y ejecución de los procesos electorales, conforman el Sistema Electoral:

· Jurado Nacional de Elecciones (JNE), dedicado a administrar e impartir justicia electoral y fiscalizar la legalidad de los procesos electorales.

· Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), dedicada a organizar y ejecutar los procesos electorales, dictar disposiciones para mantener el orden y la protección de las personas, durante las elecciones.

· Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (RENIEC), dedicado a preparar y actualizar el Padrón Electoral, en coordinación con la ONPE. Este proceso se lleva a cabo cada 15 años.

En los inicios de la República, la tarea de organizar y llevar adelante las elecciones, era una labor que cumplían tanto el Poder Ejecutivo como el Poder Legislativo. Recién en el año 1931, con la creación del Jurado Nacional de Elecciones, se tuvo un ente autónomo e independiente, encargado de asumir las tareas electorales. De esa manera, este organismo asumió la misión de crear el Padrón de todos los ciudadanos peruanos y otorgarles su Cédula de Identidad (denominada antiguamente Libreta Electoral), coordinar todas las necesidades logísticas antes, durante y después de los procesos eleccionarios y finalmente, realizar el escrutinio y proclamar los resultados. Así mismo, tuvo facultades jurisdiccionales para resolver los asuntos contenciosos que sobre materia electoral se presentaban.

Revisamos brevemente la historia de los Procesos Electorales:

En un país de Democracia Representativa con algunos mecanismos de Democracia Directa, se toman decisiones para elegir a las autoridades y para realizar las consultas ciudadanas de Referendo y Revocatoria. ¿Cómo se han presentado los procesos electorales a lo largo de la vida republicana? ¿Cuánta experiencia democrática existe?

Desde 1823 hasta 1899 (siglo XIX), sólo 6 gobiernos fueron elegidos en elecciones generales, 8 fueron elegidos por el Congreso y 16 por Golpe de Estado.

Desde 1903 hasta el 2001 (siglo XX), 15 gobiernos fueron elegidos en elecciones generales, 5 fueron elegidos por el Congreso y 11 por Golpe de Estado.

En todos los casos, las elecciones democráticas fueron escasas.

En los procesos electorales que existieron, se aplicaron distintos mecanismos para la elección de Presidentes y Congresistas. Estos mecanismos sirvieron para definir quiénes son los que votan, a qué edad, quién realiza las elecciones, entre otros.

A manera de ilustración histórica se puede señalar que en el siglo pasado, el triunfo de Manuel Pardo (1872), con el Partido Civil, Primer Presidente no militar de la República, se basó en la participación de solamente 3,778 electores. Pero, según el censo de 1876 (4 años después), la población mayor de 20 años era de un millón 400 mil personas. De esto se infiere, que aproximadamente el electorado o los ciudadanos con derecho a elegir o ser elegidos, no representaban ni al 1% de la población del país. Esto no es sorprendente si se tiene en cuenta que para ese entonces, no votaban los analfabetos que conformaban el 85 % de la población, ni las mujeres que representaban el 50 % de los habitantes. Es decir, sólo estaban aptos para votar los varones alfabetos, mayores de 25 años y contribuyentes del Estado, inscritos en el Registro Cívico.

Desde 1919 hasta el 2001 se produjeron cambios en el tipo de sistema, el tipo de votante, la obligatoriedad del voto, el tipo de lista, la exigencia de la cuota de género, el tipo de circunscripción, etc.

Las elecciones generales del 2001 incluyeron cambios: La reforma de distrito nacional único a múltiple, la ampliación del tamaño de la cuota de género de 25 % a 30% en la lista de candidatos al Congreso.

Siguiendo la evolución, en las elecciones actuales, el cambio más notorio es la alternancia en las listas electorales, lo que significa un avance en el campo de la participación política de la mujer.

La presencia de muchos candidatos refleja la pluralidad democrática; pero se dispersan los votos y el hecho que ningún candidato alcance más del 50% obliga a realizar una segunda vuelta. Esta vez están compitiendo dos candidatos totalmente opuestos.

Lo que hemos observado es la parcialización de la prensa capitalina a favor de una candidata, sin respetar la neutralidad periodística; la falta de respeto a los entrevistados cuando no dicen lo que quieren escuchar o cuando no los dejan hablar, interrumpiéndolos a cada momento, asumiendo una actitud antidemocrática y poniendo en peligro la credibilidad y confianza. También estamos observando la debilidad del electorado, fácilmente manipulable, que no analiza las propuestas irrealizables, como la asignación de 10,000 soles a los que han perdido a sus familiares por el COVID 19, o el otorgamiento directo del 40% del canon minero a la población ¿Quién recibiría y cuánto le tocaría a cada uno? Se está replicando el populismo de Waldo Ríos que ofrecía 500 soles a cada familia, como si el recurso público podría disponerse al antojo personal. Por ello, intuimos una votación más emocional que racional, lo que conducirá al desencanto posterior, con la repetición de los males de siempre: Corrupción, injusticia, intolerancia y mantención de las brechas sociales y económicas, en perjuicio de las grandes mayorías.

Tenemos una ley de Partidos Políticos y de financiamiento, según la cual no está permitido recibir “dinero sucio”. Sin embargo, la ONPE acepta la postulación de candidatos, pese a estar probado su delito. Se permite la publicidad engañosa y no se cumple el pacto ético. Hay mucha hostilización y satanización de una parte contra la otra, dando el mensaje de rivalidad irreconciliable entre peruanos. Es sorprendente que el Jurado y un sector quieran imponer cuatro debates, en contra de lo acostumbrado de un solo debate, en las anteriores elecciones.

Hacemos un llamado a la prudencia y a tomar las elecciones, como una oportunidad para hacer docencia política y para sembrar la idea de la política como un medio para promover la cooperación entre todos y luchar contra la pandemia, profundizar la descentralización y reforma del Estado, promover el desarrollo pleno de hombres y mujeres, siendo respetados y valorados en sus diferencias.

Es muy negativa la polarización. Ni ultra izquierda ni ultra derecha. El odio, la venganza, la violencia, no son características exclusivas de un bando. Amenazas de muerte, carteles incitando al odio, enfrentamientos físicos frente a locales partidarios, son repudiables. Como dice Aristóteles, los extremos se chocan. Es preferible estar en el centro, tratando de buscar puntos de convergencia, teniendo como fin, el bienestar general y no sólo intereses particulares y egoístas.

Los que están ejerciendo la política, deben recordar que es mejor ser constructivo y no destruir a los adversarios, porque ser político es ejercer un sacerdocio cívico y moral. Está en manos de los ciudadanos, los verdaderos mandantes, elegir a sus mandatarios, con libertad, sin temores, con plena convicción y autonomía.

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