HISTORIA DEL “DÍA DE LA MADRE”

Nelly Villanueva Figueroa

En todas las culturas, se ha rendido pleitesía a un ser excelso y universal: La Madre, resumen de todas las cualidades humanas.

En Grecia se veneraba a RHEA, madre de los dioses. En Roma imperial se celebraba la fiesta HILARIA, dedicada a las madres. En Inglaterra, en el siglo XVII, se tenía un domingo de madres, para que todos los trabajadores tuvieran un día libre, a fin de agasajar a las madres, con regalos, flores y sobre todo, con la tarta de madres. En nuestra civilización inca la “MAMA PACHA” y la “MAMA QUILLA” eran motivo de culto y de motivación en las actividades agrícolas y culturales.

Tierra y mujer son dadoras de vida. De las entrañas de la tierra sale nuestro alimento. De las entrañas de la mujer emerge el fruto humano. La mujer es semilla, siembra y cosecha; pero también protección, cuidado y amor, porque continúa dando vida, con la leche de su cuerpo.

En 1872, en Estados Unidos, la escritora y activista Julia Ward, logró instituir el DÍA DE LA PAZ, en tributo a las madres. Cuando esta celebración se fue apagando, Ana Jarvis que participaba en las reuniones de madres, emprendió una campaña para celebrar el Día de la Madre, cada segundo domingo de mayo, en homenaje a su madre fallecida. Dirigió cartas a escritores, artistas, intelectuales, periodistas y personas influyentes. Su pedido fue acogido. En 1914, el Presidente Wilson declaró oficialmente, al Día de la Madre, como fiesta nacional.

En el Perú, fue el alumno de Derecho, de la UNMSM, el huaracino Carlos Alberto Izaguirre, más tarde Diputado, como Presidente del “Centro Universitario Ariel”, quien logró la institucionalización de la fecha, mediante RS del 12 de abril de 1924, durante el “oncenio de Augusto B. Leguía”. La primera celebración se realizó el 11 de mayo, en el paraninfo de la Universidad. El Rector, Doctor Manuel Vicente Villarán, pronunció estas sentidas palabras:

“Inclinamos nuestro corazón, lleno de humildad, ante la fuerza más grande y fecunda que el orden moral ha creado la naturaleza humana, ante el amor maternal, flor y resumen de todo desinterés, de toda abnegación, forma suprema de altruismo que no se fatiga jamás, que no se desalienta nunca ante ninguna frialdad ni desvío, que da sin medida, sin pedir nada …”

A su turno, Carlos Alberto Izaguirre dijo lo siguiente:

“En este estado de crisis, en todos los órdenes de la vida, estamos de parte del ideal y hemos querido dar un jalón moral a la conciencia de todos los hijos del Perú. La liberación del hombre, su redención, sólo puede venir de un esfuerzo del corazón, de las fuentes puras del silencio, del heroísmo cotidiano, pero sobre todo, de una gran ternura: La Madre.”

Germán Lizarzaburo Gutiérrez, poeta, narrador, educador, periodista y docente universitario, declamó su poema “A mi Madre” . Aquí algunos de sus versos:

Crisol de la esperanza

Extensión de la mano de Dios sobre la tierra.

Tu ayuda bondadosa,

Tu ternura sin límite,

La fuerza bienhechora de tu amor diamantino,

El regazo de tu alma de dulzura infinita,

Los desvelos y sueños,

El quehacer sin fatiga

Lo encarnas ¡Oh Madre!. Y aún eres sencilla.

La madre merece más que una flor, un perfume o cualquier otro regalo. Merece que cada día le demostremos cariño y le digamos lo importante que es para nosotros, con gestos afectuosos de ternura y reconocimiento.

Usando las letras del Vals Madre, de Manuel Acosta Ojeda, popularizado por el Trío Los Chamas, decimos:

“Y por último Madre,

Deja que me arrodille

Y sobre tu regazo, coloque mi cabeza.

Y dime hijo del alma para llorar contigo”

¡Salve oh Madre que alegras nuestra existencia en este mundo!

                                      ***

         Aunque mi madre hoy está muerta, vive por siempre

          en mi memoria y habita en mis recuerdos.

         Sus enseñanzas me ayudan a enfrentar la vida y su

         Ejemplo me estimula a darles a mis hijos lo que ella

         en su humildad y grandeza me dejó por herencia.

         Gracias Madre por haber existido y por ser hoy la luz

         de mi vida.

                                      Pablo Neruda

                       Cortesía: Pablo Simón Antuco

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