MANOLO GALVÁN, EL GRECO, DOMENICA DI SALVO Y ROBERTO LUTI EN HUARAZ.

Por: Ergo Sifuentes

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-¿Qué opinión le merece la conducción de este espectacular evento mi General?

En pleno desarrollo del Festival, le preguntó el conductor Richard Sarria, heredero de Augusto Sarria, el dueño de la poderosa corporación de grabación IEMPSA y ganador de sendas ediciones de los festivales de Ancón y Trujillo, a Juan Balaguer Morales, organizador en jefe del dichoso evento, ascendido en el año de 1976 a General de la GC, por el Presidente de la Segunda Fase de la Junta Militar, Señor General de División del Ejército Peruano Francisco Remigio Morales Bermúdez Cerrutti, que a la misma vez lo nombró Jefe de ORDENOR-CENTRO, empalme y continuidad de las gestiones de las tristemente recordadas por los auténticos damnificados, CRYRZA, (Comisión de Reconstrucción y Rehabilitación de la Zona Afectada) y ORDEZA (Organismo de Desarrollo de la Zona Afectada)

-Muy profesional, posees una voz muy comercial y te mueves muy bien en el escenario – le respondió, sonriendo siempre el General.

El mes de Julio se sitúa en pleno estío, pero la estación lluviosa, de lo copiosa, impulsa y prolonga por inercia, un panorama espléndido de verdor y feracidad. Sean cuales fueren las demás condiciones, devienen irrelevantes, son anécdotas que pasarán y servirán para el relato y la diversión, o para el enfado o la tristeza. En fin, lo cierto es que en Julio se celebra el Aniversario de Huaraz y coincidentemente, como el paisaje pasa por su momento más sobresaliente, es la mejor época del año para viajar, como lo hicimos en el año de 1978. La vez aquélla, en la que en el “Campo Ferial” se llevó a cabo, la Tercera Edición del “Festival Internacional de la Canción de Huaraz”

Antes del sismo de 1970, Huaraz era apacible, evolucionaba a su ritmo, sin sobresaltos. Al fin y al cabo, con sus bondades y defectos, era una Ciudad hecha y derecha. Y aunque no faltaban los quejosos, como por ejemplo los que alegaban, la incomodidad de sus antiguas y estrechas calles, sobre todo los camioneros, o la lentitud de los cambios que entrañaban progreso, ella contraponía su benigno y agradable clima y la hermosura de sus paisajes, con la que sus tradicionales construcciones guardaban armonía.

El peor terremoto de nuestra historia republicana, lo transformó todo. La mirada internacional puso sus ojos en esta parte del mundo y junto a la compasión y la solidaridad, como en todos lados, arribaron también los avivatos de siempre, a sacar provecho de la desgracia del prójimo. Creo que me desorienté, hoy no estoy aquí para recordar tragedias o miserias humanas.

-¡Aquí desde este espléndido escenario, de inmarcesibles nieves perpetuas, desde el Yerupajá y el Jirishanca, tenemos el orgullo de presentar a una estrella de categoría mundial!….. ¡Damas y Caballeros, desde la Argentina, con ustedes….. eeeeeeellll GREEECOOOO!

Se desgañitaba el joven y rubicundo presentador y en el anfiteatro festivalero, hizo su aparición el astro, ataviado con un ceñido traje negro, de saco muy corto, al que resaltaba una blusa blanca con cuello de aletas exageradas y pantalón acampanado, quien de saque nos endilgó su primer éxito: “La Nave del Olvido”

En aquél momento en México, un cantante de prodigiosa voz, que fue bautizado como “El Príncipe de la Canción”, gozaba de la fama de su tema “El Triste”, recién en 1980 llegaría para él, “La Nave del Olvido” éxito del compositor argentino Dino Ramos. Es decir, dos años después del Festival Internacional de Huaraz, del que disfrutábamos plenamente, salvo el impasse de unos desadaptados, que embriagados, perpetraban desmanes, agraviando a los artistas invitados y perturbando la tranquilidad del público asistente, que había repletado el anfiteatro. Y esto ocurría justo delante nuestro, de modo que quizás en una tentativa de restarles importancia o ignorarlos, mirábamos y remirábamos a nuestros familiares nevados: Allí estaba el Huandoy al fondo, destacaban luego el celebérrimo Huascarán, el Chopicalqui, El Hualcán, El Copa, El San Cristobal, el Chinchay y el Huantsán, junto a otros más pequeños ¿Dónde estarían el Jirishanca y el Yerupajá que en cada presentación de cada celebridad, ponía de testigos Richard Sarria?

Los otros astros participantes invitados, eran los italianos radicados en Venezuela, Roberto Lutti y Domenica Di Salvo, dúo que hizo famosa su versión en castellano, de “Do you love mi”, el éxito de Sharif Dean. Nos encantó la calidad técnica y el corazón que le ponían a su “¿Tú me amas?”

La impresionante valija internacional, la completaba otro astro en apogeo. Al español Manolo Galván, lo hicimos desternillar de risa. Hizo su aparición en el escenario, peinado con colita, a la gomina como lo hacía Gardel, enfundado en un elegante frac negro satinado, al que lo pulía un bastón con mango de plata y una capa reversible, negra por fuera y roja por dentro. Una venia y una expansión de la capa constituyeron su saludo. Fue lo que colmó el regocijo y bastó que alguien le gritara:

-¡Bueeena Drácula!

Para que explotara el jolgorio, la carcajada general y el festejo, a los que no pudo o no quiso sustraerse. Si les digo que allí se orinó de risa, seguro que él de tan sencillo que era, lo confirmaría, si no fuera porque en el 2013, partió a la inmortalidad desde Buenos Aires.

-¡Oye! ¿Puedes sentarte? – fue lo que le dije, la primera vez a uno de los majaderos que a cada rato nos interrumpía la gala. Yo no podía ser tan frontal, pues estaba con mi esposa y mi hijo mayor, de un mes de nacido.

Su respuesta, que creo fue una andanada de groserías, no se distinguió, pues justo en ese momento, una gran ovación la desvaneció. Sucedió que el Jurado del Festival, que junto a los arreglistas y directores de orquesta Víctor Cuadros y Claudio Fabbri, era el mismo de todos los otros festivales, al que solo se le añadió el General Balaguer, declaró ganador del Concurso de “Música Peruana” (léase criolla) al hermoso vals: “Las horas que perdí”, interpretado por su propio compositor el gran José Escajadillo, tal y como había ocurrido en todos y cada uno de los festivales nacionales y todos los años a partir de 1972, cuando Escajadillo Farro firmó por el sello IEMPSA. Los bigotes que ocuparon el segundo lugar, se movían nerviosamente en un segundo plano. Parece que a Juan Mosto Domeck, no le gustó mucho el dictamen.

En ese momento, casi al final, fue que con más claridad se patentizó la improvisación y el caos, en la organización de este tipo de eventos. No había ningún tipo de vigilancia o seguridad para resguardo del público. Los malandros ya estaban muy embriagados y el mismo al que reprendí, se desequilibró y se venía encima de mi bebé y lo hubiera aplastado si en veloz reacción refleja, no lo desvío, empujándolo contra sus camaradas de trago y de fechorías. Su reacción fue venir a golpearme, pero uno de ellos, el más alto y robusto, dando muestras de ser el cabecilla, se lo impidió.

-¡Suave loco, a la salida nos la cobramos! – le dijo y fueron otros cinco o seis, los que asintieron. Me fue revelado, que se trataba de una de las pioneras pandillas de nuestro Huaraz querido.

Yo estaba solo contra seis o siete granujas: “Frente a la fuerza bruta de los chacales, es el astuto zorro el que debe prevalecer” recordé una frase de mi entrañable abuelo materno. Valiosa en ese instante.

Parte de esa área, que fue sede de la “Feria Regional” y el “festival” que hoy reseño y que es ocupada actualmente por el Batallón de Ingeniería Motorizada Nº 6 del Ejército, fue propiedad de mi familia y familias amigas. Fue el sismo, el culpable de su pérdida a manos del régimen castrense. Es por ello que hasta hoy no le encuentro explicación, al hecho de que tras enturbiados procedimientos que derivaron en el despojo y la apropiación, hoy surge una discusión de si ese terreno debe destinarse a un Mall comercial, a una Universidad o un Hospital. Una jurisprudencia cabal y legítima, los declararía usurpadores.

El mágico rincón de entonces, donde no reinaban las armas de guerra, los cascos o los borceguíes, sino el bello canto de las aves canoras, el aroma de la floresta y las sementeras. Y en las solitarias noches, la música y el lastimero canto del Ichil Ollq’o, fue el teatro de nuestras aventuras y travesuras infantiles, de manera que la conocía al dedillo.

-Vete a la casa con el bebé – le dije a mi esposa – yo me encargo de estos malandrines y dicho esto, en vez de salir por la puerta principal de acceso de la Avenida Bolívar, hoy Confraternidad Internacional, me lancé hacia el proscenio y dando la mano y saludando a aquellos inolvidables inmensos artistas, héroes de mis recuerdos, salí por la puerta falsa, hacia la oscuridad, pues ya era de noche. En medio de esa negritud, el Gran Río Santa, filial y protector, parecía acrecentar sus increpaciones y en medio de ellas, me pareció escuchar unas gaitas escocesas.

-¡Es el Ichic Ollq’o! – pensé y me sentí resguardado. Pareció corroborarse esa impresión, cuando, desde mi refugio en la cerrada noche, vi a los del grupo salir y caer como apaleados por alguien, o quien sabe era solo que se caían de borrachos, pero el hecho concreto es que no se arriesgaron a alejarse de la luz que les brindaba la pequeña puerta y daban vueltas y vueltas alrededor de ella como perros con rabia.

Ha pasado mucho tiempo y sinceramente no sé si finalmente se aventuraron a la oscuridad y hasta hoy siguen buscándome, o hablando metafóricamente, si la vida con sus duras lecciones, les ha enseñado, que es mejor buscar la luz, la luz verdadera, la del conocimiento y el saber, que aventurarse por oscuros recovecos, lóbregos derroteros, que lo único que suministran es ignorancia, contrariedades y nefastas consecuencias.

En fin cada cual libra su lucha, a su modo, en la medida de sus fuerzas y de acuerdo a sus circunstancias.

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