NACE EL AGUA Y EL CORAJE

22 de marzo: Día mundial del agua.

Danilo Sánchez Lihón

1. Se capta el agua

Porque debes saber, niño, ¡a fin de que la defendamos juntos!, que hay que dar la vida por aquello que incluso no se ve pero que su signo es el bien. Y uno de esos recursos es dónde brota el agua que bebemos.

Porque la acequia Vicente Jiménez es la que recoge el agua y la hace llegar a nuestro pueblo para calmar la sed de nuestras bocas.

Y lo hace desde un paraje que parece una tierra de nadie y por eso alguien ya se la apropió. Se capta el agua entonces no de una laguna ni de un río sino de los humedales.

Donde llueve torrencialmente, carga el agua en los acuíferos que hay bajo tierra y eso filtra hacia diversos puntos, siguiendo la pendiente de la cuenca de Santiago de Chuco, nuestro pueblo, tuyo y mío. 

He buscado estos conocimientos en textos escritos consultando múltiples monografías y no los he hallado. ¡No existen!

 2. De allí nace un río

 No hay ningún referente sobre la acequia Vicente Jiménez, que mucho más antes incluso todavía se llamaba Acequia del Pueblo.

De la cual hay un trecho en que la acequia desaparece. Por esa razón se llevó allí la efigie de San Antonio, quien lo hizo aparecer luego en un chorro cristalino. A ese trecho se le llama Acequia de San Antonio.

¿Por qué no escribimos más de otras cosas que de aquellas que verdaderamente importa para nuestras vidas? Como, por ejemplo, ¿que este sistema forma parte de un emporio de humedales, cuál es la hoya de Callacuyán en donde a 4,200 metros sobre el nivel del mar se ubica la Laguna del Toro.

Que siempre fue del pueblo y ahora está expropiada. De allí nace un río que al principio adopta el nombre de Caballo de Oro, luego se llama Llaray; pronto su nombre es San Antonio, cuando pasa cerca de Cachicadán.

Luego se denomina Huaychaca, para unirse al río Tablachaca y formar el torrentoso Chuquicara para después dar sus aguas tributarias al río Santa y este al mar.

3. Cambian su nombre

 Por eso, toda el agua ácida ahora de Callacuyán, porque la están contaminando las minas que allí se han instalado, afectará a todas las tierras y comunidades.

Y no solo por donde ese río pasa, sino que será penetrada por la lluvia en los ductos subterráneos infectando a todo arroyo que surge inocente donado por la madre tierra.

Porque debes saber, niño, que Callacuyán, que siempre fue del pueblo de Santiago de Chuco ahora tiene dueños extranjeros.

Y que, además, para confundirnos, lo han cambiado de nombre llamándolo ahora Alto Moche, y al lugar Chicama, con lo cual lo hacen ajeno y extraño a nosotros mismos, y que aparece convertido ahora en propiedad privada.

Esta situación no solo es una aberración sino un insulto. Y un acto írrito por corrupto. Para probarlo basta ahora consultar en internet escribiendo “Callacuyán” y aparece un aviso que dice: “Propiedad Privada” ¿Qué significa eso?

 4. ¿Qué es esto?

 Las concesiones mineras nunca han sido propiedad particular de nadie. Son concesiones. Entonces, ¿por qué dice que es su propiedad? Aunque debe serlo porque el sistema de lagunas ahora está cercado por alambres de púas, siendo estas tierras inalienables del pueblo de Santiago de Chuco.

¿Qué ha habido entonces de oculto e inconfesable? Porque ni siquiera una mina en el Perú es propiedad de una empresa, ya que lo único que posee es una concesión. Tampoco el suelo. Y el subsuelo mucho menos. Entonces, ¿por qué dice que es su propiedad? ¿Qué ha pasado?

¡Ah, una jugada inicua de los abogados de la empresa minera que allí se ha instalado sostiene haber comprado el predio de la Laguna del Toro a la familia García Ulloa por 59,000 dólares y a la familia Gómez Tandaypán el predio Vira Chuqueara II por 490 mil dólares, aparte de haber constituido derecho de superficie con el banco Scotianbank por un plazo de 99 años!

¿Qué es esto entonces? A todas luces un acto fraudulento revestido de legalidad. Las lagunas según ellos pertenecían a esas personas, de quienes las han comprado, campesinos a quienes tienen ahora como sus empleados a salario fijo.

 5. La Pacha Mama

 Siendo así, ¡niños y jóvenes de mi pueblo! ¡El agua ya no es nuestra! ¡Nuestra agua, el agua de nuestra comarca ya no nos pertenece!

Aquella agua que nuestros padres ancestrales reverenciaron como sagrada, a quien adoraron como deidad, que no la contaminaban, y por eso forjaron un pueblo feliz, ha sido corrompida y mancillada con una acción de compraventa como se hace con una mercancía. Mientras nuestros padres honraron a la tierra, a la Pacha Mama, ahora hay gente ajena que la emponzoña.

Y lo hacen aquellos que nunca van a vivir aquí, junto con nosotros. Que solo vienen a llevarse nuestra riqueza sembrando a su paso solo desolación e infortunio. Porque niño: ¿hay acaso pueblos más tristes y penosos en el universo que aquellos en donde se instala una empresa minera?

Porque, en general: ¿existen pueblos más míseros que nuestros asientos mineros? Estar en ellos oprime el corazón de ver indigencia por todo lado, porque todo en ellos es precario y desdichado. Y así todo asiento minero en nuestro amado Perú.

 6. Digno y enaltecedor

 Así, de niño aprendí, atento en una de las carpetas del salón de esta mi escuela, en aquel salón que aún está allí, que uno de los asientos mineros más productivos en oro en nuestro país, era Hualgayoc, en Cajamarca. Quedó en mi mente infantil la imagen de Hualgayoc como una ciudad áurea, privilegiada y dichosa, con calles y edificios radiantes, en donde por efecto del oro hasta las noches serían días luminosos.

Por eso, se me partió el corazón cuando en uno de los viajes para capacitar maestros conocí Hualgayoc, un pueblo triste y mísero, de casitas tipo campamento de un solo piso extendidas en una ladera, con largas filas de mujeres y niños macilentos yendo a recoger en sus baldes agua del río, porque los varones seguían hundidos y enterrados de por vida en los socavones.

Sin embargo, desde hace más de cien años la riqueza minera que allí se explota es ingente, y ha llenado las arcas de las empresas extractivas, para que ellos vivan bien, pero en otros lugares, sin importarles la gente que aquí muere escupiendo sangre con los pulmones reventados.

Por eso, ¡niños y jóvenes! Hagamos conciencia de estos hechos. La calidad de vida depende del agua que bebamos. Nada es más importante que el agua para la vida. Y ahora el agua está enajenada, encarcelada y prisionera. Imbuirnos de este problema y luchar por su solución es digno y enaltecedor.

 7. ¡Ajajaylla niños!

 Estos temas y asuntos son para nuestras luchas y compromisos, porque el oro no se come, pero el agua sí. Del oro no se vive, pero del agua sí. Ella se consume para algo básico como es nuestra sed. Así, la mayoría de pueblos se han creado sobre la base del agua.

Cuando seleccionaron el sitio para fundar la dorada Lima los españoles escogieron el lugar por sus ricas fuentes de agua y la profusa vegetación que iba a proveerles de leña para las cocinas. Y así lo hicieron constar en su informe.

¿En dónde están ahora esos puquiales y los bosques que encontraron? A consecuencia de todo ello nuestro planeta está enfermo y se está muriendo. Los humedales están vinculados a la vida.

¡Somos un pueblo bueno y por ser así nuestra nación ya debiera ser próspera, feliz y hasta grandiosa! Somos un pueblo noble, sacrificado y laborioso, razón por la cual ya debiéramos haber eliminado los índices de desnutrición, de mortalidad infantil y de limitada esperanza de vida.

Tenemos que reflexionar sobre todos estos hechos. Por eso he venido hasta aquí, niños, para que juntos defendamos el agua hasta con nuestras propias vidas. ¡Ajajaylla, niños! ¡Causachun, Perú!

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