PARO CON YAYA

Nunca un paro, una huelga en cualquiera de sus modalidades, han tenido ángulos positivos para el público. Siempre el pagano ha sido el hombre de a pie, el sufrido obrero, el empleado, el ama de casa y en última instancia cualquier peatón que se desplaza por las calles o avenidas, ajeno a la contienda entre el reclamante y “la patronal”.

            Y los tiempos van cambiando. Hasta hace poco el odiado por el ministerio del ramo y los mismos padres de familia, eran los anuncios anuales de huelgas del Sute, porque perjudicaba el aprendizaje y el conocimiento de los escolares. Con el cambio del tiempo, hoy, sin querer queriendo, es el mismo Ministerio el que acomoda las fechas, las modalidades y la implementación de lo que podríamos llamar huelga oficial.

            La diferencia está en que el Sute luchaba por las reivindicaciones económicas de los docentes y hoy, el ministerio paraliza las acciones educativas por la marcha incontrolable del coronavirus.

            Pero si se profundiza los motivos de un reclamo, veremos que obedecen a móviles políticos que generalmente buscan o esperan un motivo por simple o intrascendente que fuera.

            Como está ocurriendo en esta ocasión, la subida de precio del combustible (y también del carburante).

            Los líderes de las federaciones y sindicatos son fachadas de los grandes empresarios quienes manejan a su antojo el momento oportuno para crear el caos, la inestabilidad y los reclamos de índole social y de paso para apoyar a sus candidatos escogidos a la medida de sus aspiraciones y manejarlos tras las bambalinas según la ocasión.

            Si no es cierto, que me parta un rayo.   

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