PRIMER GRAN MARISCAL DEL PERÚ: TORIBIO DE LUZURIAGA Y MEJÍA

Nelly Villanueva Figueroa

Todo pueblo tiene personajes símbolo que forman parte de su identidad, personajes dignos de imitar. Huaraz tiene dos prototipos humanos, representantes de nuestra doble realidad, urbana y rural: Luzuriaga y Atusparia de dos épocas distintas, pero relacionados por el espíritu libertario.

Toribio de Luzuriaga y Mejía engalana las páginas de nuestra historia, con sus lecciones de heroísmo y servicio a la Patria, pero no sólo la Patria chica, localizada, delimitada con fronteras, sino la Patria grande, la Patria continental, la América toda.

El primer Gran Mariscal del Perú nació en suelo huaracino, el 16 de abril de 1782, en el barrio de Huarupampa. Sus padres fueron el español Manuel Luzuriaga Elgarresta y la dama huaracina, Josefa María Estrada.

Al leer la biografía de este ilustre patriota que llegó a ser libertador de cinco repúblicas ( Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador) , admiramos su espíritu de superación y constancia.

A la edad temprana de 15 años, ingresó a la administración pública, al convertirse en secretario privado del Marqués Gabriel Avilés, Sub Inspector de Tropas y Gobernador de la Plaza y Presidio del Callao. Cuando el Marqués fue designado Presidente de la Capitanía de Chile y más tarde Virrey  de Río de La Plata, llevó consigo al joven Luzuriaga, debido a sus altas dotes intelectuales y morales.

A los 19 años inició su carrera militar con el grado de Alférez, en el Regimiento de Caballería de Buenos Aires. Por su valiente comportamiento, durante la invasión inglesa, fue ascendido a Teniente.

En 1812, cambió el curso de su vida, cuando conoció a San Martín, quién se encontraba organizando una Logia secreta para trabajar por la Independencia. Luzuriaga se unió a la Logia. En 1815, ya tenía el rango de General y fue nombrado Ministro de Guerra y Marina. En 1816 contrajo matrimonio con la dama argentina, Josefa Cavenago. En octubre de ese mismo año, es nombrado interinamente Gobernador de la Intendencia de Cuyo, en reemplazo de San Martín, afanado en organizar el Ejército de los Andes. A partir del 6 de mayo de 1817, obtiene el cargo de Intendente, en forma titular. El gobierno de Luzuriaga concluye el 17 de enero de 1820. Se incorporó, entonces, al Ejército de los Andes, donde alcanzó el grado de Mariscal de Campo. Condujo el desembarco de las fuerzas patriotas en Paracas, el 8 de setiembre de 1820.

Los patriotas de Guayaquil, al ver en peligro su libertad, solicitaron a San Martín, un militar capaz de hacerse cargo de la difícil situación. San Martín envió a Luzuriaga, a quién la Junta de Gobierno lo nombró General en Jefe del Ejército y como tal, hizo retroceder a los realistas. Pese al pedido de las damas guayaquileñas de quedarse, en un acto de desprendimiento, retornó al Perú, donde es nombrado Presidente del recientemente creado Departamento de Huaylas.

A fines de febrero de 1821, ingresó a la ciudad que lo vio nacer y que había declarado su independencia el 29 de noviembre de 1920. El Hijo Predilecto regresaba después de 25 años de ausencia, aureolado con los grados de General de Brigada del Ejército Argentino, Mariscal de Campo de Chile y General de División del Perú, demostrando, así, que se puede dar prestigio a la tierra, aún lejos de ella, llevando su nombre, tatuado en el alma.

La actuación de Luzuriaga como Presidente, fue activa y fructífera:

Organizó la vida política y administrativa del territorio a su mando, la defensa y la provisión de recursos económicos.

Decretó que todos los partidos o provincias, tengan en la capital del Departamento, sus diputados o representantes, para atender cuatro áreas: Justicia, Policía, Hacienda y Guerra.

Instituyó el Primer Congreso del Departamento de Huaylas y con ello se adelantó en descentralización y autonomía que nosotros, todavía no alcanzamos.

Instaló el Primer Concejo Provincial independiente, con su Alcalde, José  Antonio Munarri, de manera que las actuales autoridades ediles deben continuar su obra de construcción de una ciudadanía comprometida y responsable.

Emitió un bando para desterrar los abusos y extorsiones: Prohibió el humillante nombre de “Indios” a los naturales, considerándolos ciudadanos libres que componen un solo pueblo y una sola familia, con todos los demás americanos.

Abolió el tributo y protegió a los antes llamados indios, en su propiedad y posesión de terrenos. Si estas sabias medidas se hubieran mantenido, no hubiera estallado el movimiento campesino de 1885, liderado por Atusparia.

Decretó la gratuidad de la enseñanza y la obligatoriedad de la educación primaria. Ordenó a la gente pudiente, pagar un tributo especial, para solventar el sueldo de los maestros.

Militarmente, organizó una compañía de infantería de milicias y otra de caballería. Dominó la sublevación realista de Huarmey. Dotó a la tropa de calzado, víveres y vestuario, a base de pañetes y tejidos de lana, fabricados en Huari y Conchucos Bajo.

¡Cómo quisiéramos tener hoy día un Presidente Regional de la talla de Luzuriaga, plenamente humano y ejemplo de buen gobierno!

Su residencia en Huaraz, duró sólo 8 meses. San Martín lo necesitaba para cumplir una misión diplomática ante el gobierno argentino que no la pudo cumplir, porque San Martín renunció a la primera Magistratura del Estado. El nuevo gobierno de Lima resolvió, con actitud egoísta y antipatriótica, dar por terminadas todas las misiones diplomáticas del gobierno anterior.

Antes de viajar a Buenos Aires, Luzuriaga recibió la Condecoración Orden del Sol y fue ascendido al grado de Gran Mariscal del Perú.

Comprendiendo que su carrera militar había terminado y buscando medios para sostener a su familia, se estableció en Pergamino y emprendió la actividad agraria. Debido a la sequía, perdió de modo irreparable, toda su fortuna. Enfermo y reducido a la miseria, vendió sus condecoraciones y un 1° de mayo de 1842, dando muestra de orgullo por su origen, vestido con su uniforme de Mariscal del Perú, abatido por la ingratitud y el olvido, dio fin a sus días. Este es el fin físico del guerrero; pero inmortal en nuestro Himno Cívico. Tenemos su efigie en la Plaza Mayor. Una avenida, un colegio de nuestra ciudad y una provincia de nuestro departamento llevan su nombre; pero lo más importante es llevarlo en el corazón y hablar de él, con orgullo huaracino, como lo hace Francisco Gonzáles con su Poema “A Luzuriaga”:

Después de cuatro siglos de dolor

nacen como soles de nuestra historia,

genios de libertad, llenos de gloria,

que a nuestra Patria, infunden esplendor.

Y en Huaraz, de los Andes al calor,

surge Luzuriaga, de ansia ilusoria,

como un lucero de eterna memoria,

de libertad, de pureza y de amor.

Finalmente nos unimos a la voz del poeta Alejandro Tafur Pardo:

Huaraz tiempla su lira para cantarte

Y entregarte, noble Señor, el alma entera.

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