REPASANDO VIEJAS LECTURAS GUSTAVO VALCALCEL

Luis E. Valcárcel, es considerado por muchos autores como el “indigenista” más completo y junto a él, el escritor que mejor ha tratado la historia peruana.

            De lo dicho lo confirman sus obras, pero sobre todo “Tempestad en los Andes”. No es ajeno a su ideología “Ruta Cultural del Perú”, al punto que José Carlos Mariátegui tiene palabras de elogio.

            Por su parte, César Toro Montalvo, destaca la producción de Valcárcel luego de recopilar valioso legado oral en “Cuentos y Leyendas Inkas”.

            Igualmente, como conocedor de la cultura andina nos entrega “Del ayllu al Imperio”, Historia de la Cultura Antigua del Perú en 12 volúmenes y la “Historia del Perú Antiguo a través de la fuente escrita (3 volúmenes).

            No podemos dejar de mencionar “Sentido del arte incaico”, “Mirador Indio”, “La Vida rural en el Perú” y “Machu Picchu”.

            La grandeza de Valcárcel, es pues innegable, sobre todo, cuando se quiere conocer la idiosincrasia del poblador andino, al que lo conoció en toda su magnitud y su inteligencia creadora.

            Y también es un genuino representante como autor de poesías, como esta que reproducimos in extenso:

                                   CARTA A VIOLETA

        Te escribo desde tu propio hogar

            Ciudad de México, 19 de noviembre,

            enfermo como estoy en nuestra cama vieja

            sintiendo despeñarseme la sangre

            en pos de ti, río inacabable.

            Sobre la almohada, a mi lado.

            tibio yace tu último sueño

            ahora en cambio la ciudad acoge

            tu vehemencia de ola, tu vigilia de amor,

            recorriendo el pan nuestro

            que hoy día te lo debemos todos.

            Antes yo te escribía desde mi juventud

            convertida en un gran reloj de cárcel

            en romance de piedra, en pasto policial,

            en tristeza y tristeza de mis ojos proscritos,

            incomunicado, entonces te escribía

            desde una celda o cueva

            donde tu nombre era lo único viviente.

            Después de tantos meses de silencio

            sentí esta mañana el deseo de escribiste

            de escribirte una cosa muy sencilla:

para tanto amor, hemos sufrido poco

para tanto amor, hemos hablado poco

para tanto amor, hemos vivido nada.

Vivir -¿me oyes?-, vivir un día nuevo

en el que nadie nos persiga

ni nadie nos embarque

ni se nos corte la luz por unos pesos

ni se nos acuse de extranjeros.

Vivir un día nuevo

en el que trabajemos sin lágrimas ni odios

pudiendo sentirnos camaradas de todos

y en el que por fin nos sea devuelto

el Perú de tus entrañas, nuestro Perú del llanto.   

También te podría gustar...