SUPLEMENTO POR EL DÍA DE LA MADRE

Comentario:

LO MÁS SIMPLE DE LA VIDA

Habían llegado a estas tierras bravías, unos hombres blancos de luengas barbas, anteojos oscuros, vestimenta rara y de un hablar ininteligible para los lugareños.

            Sin embargo, no eran agresivos y más bien se mostraban ser amables y hasta parecían personas de buenos modales y refinados gustos.

             Así como los extraños querían aprender las cosas simples de la vida “rural”,  también los peruanos aprendían las novedades que traían los visitantes.

-Estos gringos, son como gato, mucho les gusta el calor del fogón.

-Sí, doña Sinforosa, al principio tienen escrúpulos, pero después se acostumbran y

parecen familia, comen lo que nosotros les invitamos. En el cumpleaños de mi

Tiburcio, con recelo les invito picante de cuy, y al verlo con recelo le dieron

vueltas al animalito, pero al probarlo, hubiera visto usted, casi se lo comen hueso

y todo en un santiamén.

            En el grupo de turistas estaban de Japón, Estados Unidos y Alemania. Una vez que estuvieron en el Callón de Huaylas, de inmediato quisieron emprender el ascenso al nevado Huascarán, pero más pudo la experiencia de los guías del lugar, quienes les aconsejaron que primero tenían que aclimatarse porque venían con el corazón perezoso y los pulmones “muy chiquitos”.

            Y mientras se familiarizaban con el clima, en las noches sostenían tertulias hasta entrada la media noche.

REGALO PARA MAMÁ

            Y coincidió sus viajes de aventura, con el “Día de la Madre” y eso fue el motivo de diálogos muy emocionantes en torno al fogón.

-Mañana, día Madre, ¿No?

-Ok, yo dejé regalo para entregue, hermana Kelly. Era tarjeta auto modelo año.

-Bueno hijo ser tú. Yo dejé sobre con pasajes vaya trasatlántico todo Caribe.

-Mío Madre, mucho gusta viajar. Dejé pasajes vaya París: “liberté, égolité, fraternité”

por lo que todo rieron de la ocurrencia de Francis, haciendo causa común por la

“libertad, igualdad y la fraternidad”.

            Y así, cada uno de ellos hacía gala de haber dejado en sus países y para sus madres un gran regalo.

            Ya entrada la madrugada, uno de ellos, se dio cuenta que Sinforosa, la dueña del alojamiento, dormitaba y de rato en rato se refregaba los ojos para mantenerse despierta.

-Mañana día tuyo ¿qué recibir tuyo marido?

            Sinforosa, miró al cielo y buscó entre las nubes, las estrellas y la sonriente luna, el presente que le regalaría su esposo.

-Bueno, dijo al fin de tanto buscarlo. Aquí acostumbramos a que nuestros esposos nos

den un día de asueto en la cocina y nos llevan a un recreo para pedir el plato que

más antojamos y la bebida que nos quite verdaderamente la sed. Bailamos hasta

cansarnos y punto final, aparte.

            En esos momentos, dos hermanitos despertaron y desperezándose dijeron: Feliz día mamita y le llenaron de besos a Sinforosa.

            Uno de ellos, se paró en la mesa y desde allí recitó:

                                   PARA TI, MAMITA LINDA

                        Quisiera ser pajarillo,

                        con patitas de algodón

                        para posarme en tu pechito

                        y hablarle a tu corazón…     

            Los turistas no le dejaron que siguiera recitando por la emoción que les embargaba la nobleza e inocencia del niño de tres añitos de edad.

            Antes que los pajarillos trinaran dando la bienvenida al nuevo día, Sinforosa se levantó y por el camino bordeado de capulíes, alisos y eucaliptos y la fragancia a miel de los barbudos choclos, llevaba entre sus manos, con la más tierna pasión y el más acendrado cariño, un ramo de flores para su MAMÁ que descansaba en el cementerio hace muchos años.

                                                           ***

También te podría gustar...