TODO TIENE SU FINAL

Al principio y por el empuje de las ambiciones, el líder sube y sube como la “espumita”.

            Se impone en mérito a sus maldiciones y falsos ofrecimientos. Desconoce a sus mejores amigos y se junta con la escoria de la delincuencia solapada que aparente hacer el bien a sus allegados.

            Se apodera sutilmente de los bienes de los demás y siembra la cizaña para cumplir el adagio “divide y reinarás”.

            Pero como la ambición es más poderosa que su formación, le hace ver junto a las estrellas que puede subir aún más.

            Hasta que el castillo de naipes que edificó comienza a caerse de a pedazos por la corrosión de sus cimientos o el simple soplido del viento.

            Al fin se le ve recluido en su propia prisión. Su consciencia le traiciona y se convierte en gendarme que le martilla el cerebro a cada rato y en todo momento: ¡Culpable!…!Autor!, para que muchos mueran por tu causa…

            Es entonces que se le ve aislado, dialogando solo con su propia sombra, perdido en la calle de sus recuerdos.

            Para qué tanta ambición personalísima, para qué haber buscado falsos amigos que hoy le han quitado el habla o si cruzan palabras, son muestras de hipocresía?

            Vaya líder, sepultado en vida. Lapidado para siempre.

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