TODOS QUIEREN FIESTA

A pesar de que durante la procesión los mayordomos y procuradores repartían golosinas, caramelos y gaseosas, la gente se mostraba intranquila por la demora en llegar a la casa principal donde les esperaba una “comelona” y bastante “tomativo” con espumante.

            Las cocineras “voluntarias” se pulían en preparar los aderezos, en dorar las carnes de res y carnero y qué decir de los cientos de cuyes “al palo”, de a “cuatro”, “pìlatado” y “cazuelado” con achote, ají amarillo o con ají “colorado” bien “cushurusca”, es decir “dorado”. Todo de acuerdo al gusto del cliente.

            Entre las cocineras de “fina estampa”, estaba doña “Cashi” (Casimira) como la mandona mayor. Sudorosa, fatigosa, con la cara “chaposa”. Un mandil de dos cuerpos con bolsillos en la parte delantera y bobos en los bordes.

            En eso entra un rapazuelo de tres añitos de edad, casi calato abriéndose paso por entre las piernas de las cocineras, buscando a su madre doña “Cashi”.

-Ma`Pa, bushca…

-Dios santo, qué hace aquí mi hijo y con esa facha?, se escandaliza la madre y el resto se ríe de ver a la criatura en ese estado.

-Hijo mío –le dice al momento de alcanzarle una cabeza de cuy frito- dile a tu Pa`, que estoy muy ocupada y más bien que se venga a almorzar.

-Ya, Ma´ – El niño se aleja tal como entró por entre las piernas de las agitadas cocinaras.

            Ya en su casa, el niño le dice a su padre, que prefería estar ajeno a la fiesta:

-Pa´Ma dishe ocupada con coshinelo.

-!!!!Qué dices…que tu madre está con el cocinero????.—

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