TRABAJO Y DEVOCIÓN EN HUARAZ, REINADO DEL SEÑOR DE LA SOLEDAD

Nelly Villanueva Figueroa

DÍA  DEL TRABAJO:

El 1° de mayo es el Día Internacional del Trabajo, en homenaje a los “Mártires de Chicago” que fueron ejecutados en el marco de la huelga iniciada en 1866, buscando reivindicaciones laborales y sociales. Tres periodistas, un tipógrafo y un carpintero fueron ahorcados; pero la ofrenda de sus vidas no fue en vano: Se logró la reducción de la jornada laboral a 8 horas, salarios justos, buen trato y mejores condiciones acordes a la dignidad humana.

SEÑOR DE LA SOLEDAD:

Del 1° al l2 de mayo, se llevan a cabo las celebraciones en homenaje al Señor de la Soledad, Patrón espiritual de la “Muy Generosa Ciudad de Huaraz”.

En 1572, cumpliendo las órdenes del Virrey Toledo, los españoles ejecutaron la agrupación de ayllus, bajo la advocación de San Sebastián, mártir cristiano que se convirtió en Patrón de “Pampa Huaraz”.

Consolidada la conquista española, para completar la evangelización, se organizaron Cofradías o asociaciones dedicadas al culto de un santo. En 1669, se fundó la Cofradía del Santo Cristo de la Soledad.

La imaginación popular atribuye la aparición de la sagrada imagen a leyendas sobre el descubrimiento del Cristo Crucificado en unos matorrales. Al ser trasladado a la Iglesia matriz, volvía al lugar, aislado y pantanoso, indicando la voluntad divina de permanecer ahí, por lo que se construyó una ermita y luego una iglesia que tuvo que ser reconstruía, luego del terremoto de 1725. Otra versión se refiere a un extraño personaje, que después de esculpir la imagen, desapareció misteriosamente, dejando en su habitación, al Cristo refulgente.

No existen datos reales sobre la llegada de este Cristo. Se dice que desde España, trajeron cinco imágenes parecidas. Una se quedó en Huaraz y sus “hermanas” fueron a Santa, Cochas, Pomallucay y Chaucayán.

Marcos Yauri Montero, en su libro “El Señor de la Soledad de Huaraz. Discurso de la Abundancia y la Carencia. Resistencia Andina”, recoge este relato: Al construir el altar mayor, los nativos escondieron una piedra o illa, símbolo de su dios Guari. De ahí, la gran veneración a la imagen cristiana que trasciende los linderos de Huaraz. El Cristo está en su altar de caoba adornado con pan de oro y acompañado de la Virgen María, de Magdalena y de San Juan Evangelista.

Cariñosamente llamado “Auqui” o “Papachito”, se encuentra encima de un volcán de agua, protegiendo al pueblo de Huaraz. Su fiesta fue instituida el 3 de mayo, Coincidiendo con la fiesta de la “Invención de la Cruz” o descubrimiento de la Cruz, donde murió Jesucristo, a cargo de Santa Elena.

En 1709, la Iglesia del Señor de la Soledad fue elevada a la Categoría de Colegio menor de Misiones, Primer Convento de Misiones que hubo en el Perú, donde se realizaban entierros de privilegio.

Dentro de la historia del Señor de la Soledad, encontramos hechos relevantes:

Un desafiante soldado chileno, sacó su espada y golpeó el hombro de la imagen. Al instante, el ofensor cayó muerto. En 1885, durante el movimiento campesino liderado por Atusparia, el Señor de la Soledad dejó caer sus “potencias”, señal de mal augurio que se cumplió, al ser aniquilados los

campesinos por el ejército. En 1966, el templo sufrió un incendio; la imagen fue rescatada por el Alcalde, Moisés Castillo Villanueva. El pueblo andino con candorosa ingenuidad; pero con mucha fe, personificaba a la imagen, a quien ponían llantén para aliviar las ampollas de sus quemaduras.

En 1977, el INC y el Patronato del Santo, organizaron un concurso para legar a la posteridad, el Himno del Señor de la Soledad. Resultaron ganadores los hermanos René y Moisés Haro. Aquí algunos versos:

Señor de la Soledad

Patrono de nuestra ciudad.

Tu reinado es Huaraz,

tuyo nuestro corazón.

Con tus brazos siempre abiertos

pones diques al furor,

protegiendo a nuestro pueblo

en momentos de dolor.

La fiesta del Señor de la Soledad revela el sincretismo religioso andino-cristiano: Es una festividad cristiana; pero con raigambre andina, demostrada en las danzas ancestrales y música nativa, con las que se le rinde culto; danzas emblemáticas como los Shacshas y Wanquillas, cuya vestimenta y movimientos o mudanzas esconden un simbolismo que es necesario develar y no sólo ser vistas como espectáculo. También están los artísticos velones de cera que van desapareciendo. Quedan pocos artífices como Alejandro Palma y esposa Gregoria Rosas, a quienes se debe estimular para continuar con la tradición.

Para los “indígenas”, el Señor de la Soledad, tiene los mismos atributos del “Padre Wiracocha”, “misericordioso, creador, causa del mundo”

Otros caracteres de la cultura andina, presentes en esta festividad, son la dualidad, el panteísmo, la reciprocidad y la redistribución.

La dualidad se hace presente en la existencia del doble, que en este caso es el Señor de Mayo o Paso del Señor de la Soledad, que sale en las procesiones y es usado en la desclavación del viernes santo y en el Santo Sepulcro. La imagen central, sale sólo en circunstancias especiales, como en 1815, para sofocar una rebelión; en 1941, luego del aluvión; en 1970, luego del sismo del 31 de mayo o cuando se quiere acabar las angustiosas sequías y hambruna. También baja de su altar el “jueves Mutsaqui” para dar inicio a la cuaresma y pedir perdón por los desmanes de los carnavales.

El panteísmo se aprecia en la relación directa con los elementos de la naturaleza (sol, luna, rayo, cerros, lluvia …) todos seres animados.

La reciprocidad o solidaridad andina se expresa en el apoyo mutuo, en el encuentro entre mayordomos, oferentes o kellis y pueblo. Los kellis colaboran con recursos que los mayordomos comparten con todos, sin afán de acopiar riquezas. Prevalece, así, el espíritu comunitario, contrario al individualismo de esta época.

A partir de 1986, el paso sale el 15 de setiembre para bendecir al pueblo, desde Rataquenua.

Después del terremoto del 70, se construyó un nuevo Santuario que ha sido consagrado el 19 de julio de 2015, por el Obispo José Eduardo Velásquez Tarazona, como lugar exclusivo de oración y adoración al Señor de la Soledad. Para este gran acontecimiento, se realizaron actividades preparatorias, una de ellas, la entonación del Himno de la Consagración, cuya autoría corresponde al maestro Justin García Romero:

Venimos a ti, Cristo nuestro

Oh Señor de la Soledad.

Tus hijos huaracinos cantamos

Con júbilo la consagración.

…………

Gracias por haber elegido

a esta hermosa tierra Huaraz.

Señor bendito con tu presencia

Viviremos en tu gracia y amor.

La fiesta del Señor de la Soledad es modelo para las demás fiestas patronales que siguen la misma estructura de dos partes: La central y la octava, mucho más vistosa que la primera. Se inicia con la antevíspera, seguida del rompe calle o entrada, la víspera con fuegos artificiales y vendimia del imperdible cuchi canca o lechón asado y el ponche de almendras, el día central con Misa y estruendosa “tendida”, víspera de octava, procesión, despedida y colocación de la imagen a cargo de los camperos que, unidos en hermandad y con lágrimas en los ojos, prometen volver el próximo año. Es costumbre celebrar al “finado” con el pascapaqui (Deshacer y volver las cosas a su sitio)

A este Cristo huaracino, pidámosle su bendición para todos los trabajadores que son motor del desarrollo y para todos nosotros, a fin de cumplir nuestro deber de elegir a la próxima autoridad de nuestra Patria, sin ser manipulados por algunos medios de comunicación que no guardan el principio de neutralidad periodística. Sobre todo pidámosle liberarnos de la pandemia que nos impide honrarlo con la vistosidad acostumbrada y gozar de sus visitas a los barrios e Instituciones.

Señor de la Soledad: Derrama tus bendiciones a todos los trabajadores, motor del desarrollo. Dales salud, fortaleza y paciencia, para que sigan produciendo nuestros bienes y ofreciendo sus servicios, superando las adversidades.

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