UN PEREGRINO EN TIERRAS DE VALLEJO

Danilo Sánchez Lihón

Presentamos el día de ayer 1 de mayo

del año 2021, en la 55 Aula Virtual Capulí,

el libro de Luis Ambroggio titulado César Vallejo

genio entre los genios”, en un panel conformado

por Mara García, Marco Martos y el suscrito.

He aquí el comentario que yo expusiera:

1.

 El doctor Luis Ambroggio, autor del libro “César Vallejo, genio entre los genios”, libro que ahora presentamos, es un argentino estadounidense que nos conmueve verlo en Santiago de Chuco viniendo desde Washington en los Estados Unidos en donde reside, haciendo el viaje hasta Santiago de Chuco que es un pueblo situado en una altitud que estremece y con noches de frío inclemente que cala los huesos.

Conmueve porque se lo ve frágil y atildado en un ambiente duro, áspero e ilimitado, porque Santiago de Chuco es como una cima donde se manotean las estrellas, altísimo, traslúcido y cósmico.

Donde a él se lo ve aplicado, devoto y ungido. Donde se lo siente tocado por Vallejo. con quien nos acompañamos en caravana entrando a pueblos que nos esperan, y a otros que no nos esperan, que están vacíos. E igual, sentimos la misma unción, la misma reverencia que cuando están apoteósicos y de fiesta por motivo de que llegamos, y en nuestra espera.

 2.

 Es en este contexto y en este sentido que quisiera rescatar un concepto y un contenido implícito en el libro que hoy presentamos, cuál es el de peregrino. O el de peregrinar, o el de peregrinaje, que para mí es la marca, la clave y el factor o elemento más conmovedor y profundo de este libro. El del peregrino cuya morada en realidad es el camino.

Y que va tocando una y otra puerta. En este caso, en el libro “César Vallejo, genio entre los genios”, se nos revelan cinco puertas, ante las cuales Luis Ambroggio se detiene y tocar, cuáles son: Walt Whitman, Rubén Darío, Paúl Celán, Miguel Hernández y Frederic Nietzsche.

Donde su guía es Vallejo; porque, cuando toca esas puertas, su santo y seña y su consigna es: ¿Quién vive? ¡César Vallejo!, es la respuesta. Y la puerta se abre. Y en este caso la abre el mismo Whitman, Darío, Celán, Hernández y Nietzsche.

¡Siendo no las puertas que se abren, sino el peregrinaje el meollo de la hazaña! ¡El de la vida como peregrinaje!, que es lo que más resalta en esta obra, refiriendo, como pórtico del libro y extensamente en las primeras páginas, su experiencia de haber visitado los lugares por los cuales caminó Vallejo como son Lima, Trujillo, Otuzco, Huamachuco, hasta llegar a Santiago de Chuco, tierra natal del poeta, en la romería de Capulí.

 3.

 Y cada vez que vuelve Luis Ambroggio a Santiago de Chuco, yo lo miro en el ómnibus a los ojos de almendras que él tiene. Y luego puedo entrar por ellos a su alma, y preguntarle a él, o preguntarme a mí mismo qué inquiere y explora Luis regresando a este pueblo de paredes torcidas y de calles que suben y bajan.

De casas con aleros que se extienden a la calle como alas de palomas protectoras y amorosas, y de balcones de antepecho que se esconden bajo las techumbres, averiguando yo en silencio lo que siente y en lo que piensa Luis Ambroggio.

Y donde me pregunto: ¿qué indaga? Y creo que hay dos esencias que busca Luis Ambroggio regresando a Santiago de Chuco. Busca a su madre y busca su infancia. Y eso lo percibo nítidamente cuando lo veo entrar por el portón de la casa de César Vallejo, agachándose por lo alto que es, o por el niño que anhela volver a ser, buscando a su madre y a su infancia porque eso es la esencia de la casa de Vallejo en Santiago de Chuco. Y tiene razón, allí está, en esa casa, la madre y allí está la infancia.

 4.

 Y es que he escuchado a Luis Ambroggio repetidas veces referir que fue su madre quien en su infancia influyó de algún modo para tener el primer contacto que tuvo con César Vallejo.

Ya que ella trabajaba como profesora en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de Córdova donde funcionaba una cátedra sobre César Vallejo y la revista Aula Vallejo, entre los años 1961 y 1974, dirigida por Juan Larrea.

Esta vinculación con la madre y en la infancia creo que es una garantía para un acercamiento verdadero y auténtico de Luis Ambroggio a César Vallejo y para cultivar un vallejismo auténtico.

A eso se suma haberlo visto como un peregrino fervoroso en la tierra de Vallejo y formando parte de la caravana de Capulí, Vallejo y su Tierra.

 5.

 De paso diré que la presencia de Luis Ambroggio en las peregrinaciones de la Telúrica de Mayo de Capulí, Vallejo y su Tierra la valoramos y tomamos muy en cuenta. Porque él atribuye su vallejismo a haber leído a los once años la obra de Vallejo en una antología que le entregara su madre, quien era profesora de la Universidad de Córdova en Argentina.

Lugar en donde se fundó el Aula Vallejo y el Centro de Investigación y Documentación César Vallejo dedicado a la exégesis de la vida y obra del autor de los Poemas humanos, gracias a la iniciativa de Juan Larrea. Y en donde se llevaron a cabo reuniones y simposios que constituyen hitos históricos del vallejismo de todos los tiempos.

Consecuentemente la presencia en Capulí de Luis Ambroggio es como si tuviéramos a un representante de esa cátedra y de esa aula legendaria. Y nos conmueve más imaginarlo que ese encargo, de hacerse presente en este certamen de Capulí, Vallejo y su Tierra, y en la misma casa del poeta, él lo recibiera de su madre y de Juan Larrea cuando tenía once años y en su Córdova nativa, y el año 1956, fecha fuente de donde procede su vallejismo militante.

 6.

 Pero hay otro elemento que busca Luis Ambroggio en su peregrinar con Vallejo por tierras de Santiago de Chuco. Y eso se lo siente y se lo ve por la manera de entrar que tiene Luis Ambroggio a la casa del poeta en Santiago de Chuco.

Porque yo lo miro cómo ingresa. Como si el tratara de escuchar algo. Entra con la cabeza inclinada para que sobresalgan los oídos y tratando de escuchar algo. Y, ¿qué es lo que tratamos de escuchar los seres humanos? Principalmente voces, el lenguaje de las personas, las palabras y el hablar de la gente.

Y claro, ahí pienso y encuentro cuál es ese otro factor que busca Luis Ambroggio en su peregrinaje por los caminos, como en las páginas de este su libro. Busca encontrar las palabras esenciales o la esencia de las palabras. Y con ello el sentido de la vida y del universo. Y ese sentido él siento que lo halla tanto en las palabras como en el silencio de esa casa y de esas puertas.

 7.

 Ahora bien, un elemento de fondo en un peregrino es ser un exiliado. Y esta es la otra clave del libro. No solo ser un peregrino sino un exiliado. Exiliado fue Vallejo y exiliado es Luis Ambroggio, porque él es un argentino quien vive en los Estados Unidos. Quien siente una adhesión profunda por César Vallejo, quien fue un peregrino y un exiliado esencial, como lo es Luis Ambroggio.

La vida de César Vallejo es la de un peregrino primero buscando educación en Huamachuco, luego en Lima y después en Trujillo. Y posteriormente tratando de perfeccionar su arte, en París.

Fue también un peregrino buscando la justicia social y la redención del hombre, viajando a Rusia tres veces, y a España muchas otras, para finalmente morir. Incluso las últimas palabras de César Vallejo antes de morir son las de un peregrino, cuales fueron: “Quiero ir a España” “Llévenme a España”. Ya que peregrinar exorciza nuestro exilio que no es tener un lugar adonde arribar sino el camino como destino, como punto de partida y nunca de llegada.

 8.

 En el caso de Luis Ambroggio exilio de su lengua que se lo nota en su pertenencia, en su adhesión y en el afán que tiene por la Academia Norteamericana de la Lengua Española, lengua a la cual busca en territorio extranjero.

Y ya para concluir contaré que caminando hacia el cementerio de Santiago de Chuco notaba a Luis Ambroggio fascinado por las puertas. Y me lo comentó luego. Puertas viejas, ojerosas, puertas de casas abandonadas, sin armellas ni candados; puertas, peor que cerradas; abiertas, pero sin nada adentro, salvo el alma de las personas que lo habitaron.

Puertas hasta donde sale sin duda César Vallejo a recibirlo. A poner su mano sobre su hombro. Y con él Vallejo se hace niño, sintiendo que tiene que recibirlo en el mismo plano con que él viene.

Un niño lleno de nostalgia de su madre y de su infancia. Y de su lengua que él busca en sus peregrinajes por tierra, como también a través de los renglones que escribe, y de la literatura y de autores como son aquellos que expurga en libros como este, plenos de fervor y trascendencia.

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