VALOR FILOSÓFICO DE LA POESÍA

NELLY VILLANUEVA FIGUEROA

La Poesía, igual que la Filosofía, nace del asombro. Como los primeros filósofos,  afanados en buscar el primer principio, los poetas se mueven en un mundo de enigmas, en la búsqueda ansiosa de respuestas.

A semejanza de Heráclito que reflexiona sobre el devenir constante, Jorge Manrique reflexiona sobre la fugacidad de la vida, de sus honores, de sus placeres. Heráclito nos dice: “Nadie se baña en el mismo río, tanto por el hombre, tanto por el río” para indicar que todo está en movimiento. Manrique, en consonancia con el pensamiento medieval, resalta la primacía de lo eterno sobre los valores mundanos, compara la vida de los hombres con los ríos y al mar con la muerte.

Todo poeta nos revela un secreto. Como dice Platón, en “El Mito de las Cavernas”, vivimos en un mundo de sombras y sólo al final se ve la luz de las ideas verdaderas; los poetas descubren esas verdades. Detrás de las formas externas, ellos aprisionan ese algo misterioso que los demás no perciben.

Según Azorín “el poeta está en todo momento presente: No pasa nunca, vive en la montaña o en el valle, a orillas del mar o junto al río. En su seno lleva el misterio y ¡ay del poeta que no tenga su misterio!”

Para Fray Luis de León su misterio es “no saber lo que es y lo que ha sido y su principio propio y escondido”. El misterio de Góngora es ignorar si cuando estaba sumido en “un parasismal sueño profundo, soñaba o no soñaba”. El misterio de Rubén es no poder decir “a dónde vamos, ni de dónde venimos”. (Rubén, querido Rubén, en voz baja, tengo miedo de decirlo: Venimos de la eternidad y vamos a la eternidad).

¿Cuál es el mejor de los poetas? No es cuestión de estadísticas ni de escuelas, sino de riqueza creadora y hondura lírica. Para Martín Alonso, Altísimo Poeta es aquel que desde sus sueños y emociones, cautiva más almas. Es el que hace prender su fuego, en gente de variada condición, desde el poco instruido hasta el filósofo, desde el profano hasta el literato, porque el que hace poesía, no lo hace como filosofo o como científico, sino como hombre, por amor y sugestión.

El poeta se mueve en un clima poético, irreal, sin lógica. Busca sus sinrazones en las múltiples voces del dolor, de la alegría, de la esperanza, de los fantasmas colectivos. Sólo de este modo, se hallará en su tiempo y en su pueblo: Será el Homero en la gloria de sus héroes; Shakespeare leyendo en las almas; Dante en los fulgores del paraíso; Virgilio en su flauta pastoril; Petrarca en la ilusión de su dama; Santa Teresa en sus alegrías místicas; Bécquer en las rimas dolientes; Machado soñando caminos; Juana Ibarbouru en su fervor pasional; Gabriela Mistral en su corazón sangrante y en la ancha luz de sus mesetas espirituales; Vallejo en su angustia vital, llorando el ser que vive; Eguren en sus visiones simbólicas de la luna o de los rayos; Rosa Cerna Guardia en la fuerza de su lirismo; Javier Heraud, en su visión pacífica de la muerte; Blanca Varela con su soledad en un mundo  desgarrador, caótico y lleno de prejuicios sociales”.

La Poesía, a pesar de los cambios, sobrevive, porque al igual que la Filosofía, contiene valores inmutables, reflexiones sobre la vida y la muerte, preocupaciones profundas del hombre.

En el Perú, Juan del Valle Caviedes nos habla de un coloquio que tuvo con la muerte, un médico moribundo y de los privilegios del pobre, en forma satírica:

Cobarde cuando es humilde,

Loco cuando es resuelto.

Si valiente, es temerario.

González Prada reflexiona sobre las contradicciones del amor:

¿Por qué la sombra si eres luz querida?

Si eres vida, ¿por qué me das la muerte?

Si eres muerte, ¿por qué me das la vida?

Nadie como César Abraham Vallejo Mendoza, para explicar en su poema “MASA”, la aspiración de todos los hombres de perseguir el mismo ideal:

Al fin de la batalla

Y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre

Y le dijo: ¡No mueras, te amo tanto!

Pero el cadáver ¡ay! Siguió muriendo.

Se acercaron dos y repitiéronle

No nos dejes ¡valor! ¡vuelve a la vida!

Pero el cadáver ¡ay! Siguió muriendo.

Clamando ¡Tanto amor y no poder hacer

nada contra la muerte!

Pero el cadáver ¡ay! Siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,

Con un ruego común ¡Quédate hermano!

Pero el cadáver ¡ay! Siguió muriendo

Entonces todos los hombres de la tierra

Le rodearon, les vio el cadáver triste, emocionado

Incorporóse lentamente,

abrazó al primer hombre,

¡echóse a andar!

Vallejo explica, así, que sólo el amor solidario entre los hombres es capaz de vencer a la misma muerte. Se llama combatiente al que lucha por un ideal. Cuando un hombre se acerca al cadáver para decirle que lo ama, significa que el ideal del combatiente ha trascendido a otro. En ese instante ha empezado el proceso de resurrección, pues su ideal vive en “uno”. A medida que más hombres aman al combatiente muerto, éste va dejando de ser cadáver, hasta resucitar definitivamente. No se trata de una muerte física sino de supervivencia. En tanto los ideales supervivan en los hombres, seguirán vivos los que dieron la vida por ellos. El amor es el ideal supremo que busca la fraternidad humana, es decir la inmortalidad.

Todo lo dicho, nos hace pensar que la Literatura no es vano oficio, porque motiva a la acción para mejorar el mundo en que vivimos. Los poetas nutren con ideas y sentimientos para encaminarnos al futuro, con visión de equidad y justicia social.

Así como de la espina nace la flor y de la larva sale la mariposa, así, gracias a la palabra, surgirá al fin, la luminosa felicidad. El quehacer poético es también como la Filosofía, una manera de entender e interpretar el mundo físico y el universo humano, con palabra labrada, esculpida. Las cuitas, los sueños, recuerdos, esperanzas, rebeldías, angustias, alegrías, heroísmos y toda faceta humana pueden ser expresados mejor a través de la poesía. Por ello, el alma humana en todo sentido ha de ser esencialmente POESÍA; y por lo tanto FILOSOFÍA.

Terminamos saludando a los poetas ancashinos, con estas palabras:

Amigo del verbo iluminado

No guardes para ti, los misterios descubiertos.

Comparte el asombro de tu mágica visión.

Habla de mi pueblo indomable,

nunca acallado por sismos ni huaycos,

porque en él habita por siempre encarnado,

el genio latente de Luzuriaga y Atusparia,

luminosos ejemplos de lucha libertaria.—

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